Una pelea de gangsters, diría Luis M. Argaña

Los cartistas festejan eufóricos la salida del gobierno de Arnaldo Giuzzio que les da la oportunidad de vincularlo, con todo desparpajo, con el crimen organizado, como había hecho antes el ministro con su líder, el expresidente Horacio Cartes.

La inexcusable conducta de Giuzzio y sus intentos de explicación recordaron un poco a los argumentos del diputado colorado cartista Ulises Quintana, excandidato a intendente derrotado de Ciudad del Este, para intentar justificar su intervención con la policía a favor del presunto narcotraficante Cucho Cabaña.

Lo que hizo Giuzzio no borra sin embargo -aunque así lo pretenderían los cartistas- las sospechas sobre su líder que no comenzaron ni terminan con las denuncias que hizo el exministro ante la Comisión Permanente del Congreso sobre contrabando y lavado de dinero.

La vinculación de Cartes con delitos, como la evasión de divisas, data ya de los años del stronismo, cuando en 1985 operó con empresas fantasma para acceder a dólares a precio preferencial del BCP. Estuvo 4 años prófugo, luego se entregó y fue preso algunos meses. Pero los US$ 35 millones que “distrajo” del Estado no volvieron a aparecer y bien puede especularse que fueron el origen de su fortuna actual.

Cartes se ha declarado, sin que nadie lo obligue, “amigo del alma” de Darío Messer, el mayor lavador de dinero de la región, preso en Brasil. No cualquiera es amigo de gente así ni recibe de él el trato de “Patrao”, como le decía en una carta en la que le pedía ayuda estando prófugo de la justicia.

Tampoco nadie obligó a HC a vincularse y tomarse fotos con delincuentes, como el exsenador Óscar González Daher (+), luego de que este fuera condenado por varios hechos de corrupción o Adolfo Trotte, asesino de su esposa y líder de un grupo cuasimafioso vinculado con un club de fútbol, con quien se abrazó cuando era presidente y estaba de visita en la cárcel Tacumbú.

Son esa clase de amistades que hablan por si mismas y sin nada más que agregar de la calidad de persona que uno es.

La caída de Giuzzio es una indudable demostración de fuerza del cartismo. Al funcionario no le alcanzó el blindaje de la Embajada de los EE.UU., lo cual exhibe el peso del poder fáctico que maneja el expresidente Cartes.

Honor Colorado hará un uso político de este episodio para atacar a un gobierno de por sí debilitado, aunque no se debería descartar del todo algún “as en la manga” que el oficialismo se haya guardado para exhibir en los próximos días.

Desde el punto de vista electoral, la mención de “trapos sucios” tal vez no sea decisiva. En la interna de la ANR, casi nunca pesaron entre los afiliados denuncias de corrupción contra sus dirigentes o candidatos, según lo demuestra la cruda realidad que tenemos.

Es más. Lamentablemente, sabemos, porque lo han dicho ellos mismos, que terminadas estas peleas de tiempos electorales donde se ventilan las verdades (“peleas de gansters” la calificó alguna vez el finado vicepresidente Luis María Argaña) se volverán a abrazar para la foto y después se pelearán de nuevo por el poder, como buitres con el hambre atrasada.

Resignarse o naturalizar estas conductas no es un camino viable, a menos que la mayoría de los paraguayos/as haya decidido que no les importa ir rumbo a estar peor de lo que ya estamos ahora.

mcaceres@abc.com.py

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