Razón y palabra

El cambio hacia una sociedad digital genera nuevos retos, oportunidades y también amenazas. En las redes sociales hay mucha virulencia con la proliferación de un discurso agresivo, violento, cargado de una mezquindad kashiãi, muy desagradable.

Se instaló una línea resentida, de odio y maltrato, que acarrea efectos nocivos: violencia de guerra en lugar de paz, insultos en vez de respeto y la profundización de las desigualdades en lugar de tolerancia y equidad. A eso se le suma la información errónea más la desinformación. Se presenta un nuevo paradigma comunicativo en el cual las relaciones sociales y los intercambios de información, difícilmente volverán a ser como antes.

Algún neurocientífico diseñó experimentos para saber si las palabras podrían ser necesarias para activar “simulaciones” en los sistemas neuronales motrices, perceptuales y emocionales y, según sus resultados, las expresiones de odio predisponen a nuestro cerebro a cometer actos de odio.

Los valores invocados para cuestionar las expresiones tóxicas son la tolerancia, el respeto y la solidaridad, lo que da a esta posición un fuerte sustento ético, que podría estar en tirantez con la libertad de expresión.

De alguna manera la cuestión se ha politizado, y se suele encontrar cierta tendencia a favor de la punibilidad del discurso del odio, en algunas posiciones de centro izquierda, mientras que las visiones de centro derecha suelen estar más preocupadas por la libertad de expresión. A veces, en el imaginario popular, se señalan estas tendencias políticas, aunque no sean tan claras ni demostrables en la realidad. Lo que sí se pone en serio peligro es la convivencia democrática, los derechos fundamentales de los grupos o personas afectadas y la libertad de expresión.

No obstante, la responsabilidad ciudadana juega un papel fundamental, ya que –a través de la educación y divulgación de esta problemática– se podría lograr poner un tope a tantos comentarios dañinos. Por medio de la sensibilización y concienciación social, la voluntad individual y el comportamiento cívico, la ciudadanía estaría capacitada para identificar y neutralizar las humillaciones y ofensas que infestan las redes sociales.

Aristóteles decía que el ser humano se caracteriza por tener logos, que quiere decir razón y palabra, y es lo que le sirve para hablar sobre lo justo y lo injusto, construyendo con ello la casa y la ciudad. Una casa y una ciudad que hoy, en internet, ya serían locales y globales.

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