Un viaje hacia la muerte

El servicio de transporte público es una de las mayores falencias de los gobiernos municipales de Ciudad del Este, que somete al calvario diario a los ciudadanos –valga la aclaración– comunes. El peligro de muerte acompaña todos los días a los trabajadores y estudiantes que tienen como único medio de movilidad los buses urbanos. En total 19 itinerarios están siendo usufructuados por siete empresas.

Días atrás, en plena hora pico, un terrible accidente involucró a una unidad de la empresa Mburucuyá SA que transportaba pasajeros sobre la ruta PY02. El reporte policial indica que el volante del bus se desprendió y el chofer –de 21 años– perdió el norte, cruzó el carril contrario y chocó contra una pareja de motociclistas que salía del trabajo rumbo a su casa. Las víctimas sufrieron múltiples fracturas y se encuentran en terapia intensiva.

Tras el percance, se pudo confirmar que el vehículo no servía más que para hierro viejo, una verdadera chatarra, con neumáticos gastadísimos que tenían los alambres por fuera. Una gran bomba de tiempo.

Ante esto me pregunto: ¿Quien no ha viajado colgado por la puerta de ascenso y descenso de un bus? ¿Quien no ha viajado aplastado como sardina? escuchando al chofer ¡más al fondo hay lugar! ¿A quién no le ha tocado un asiento sin colchones, herrumbrado y destornillado con movimientos al puro estilo montaña rusa. ¿Quien no se ha sentido en la playa, con los pies mojados cuando el colectivo atropella un raudal?

Esta es la realidad de los usuarios del transporte público, cuyas quejas fueron ninguneadas por décadas por las autoridades de turno, políticos inescrupulosos, que sacaban provecho de la situación pactando con los empresarios. Un sector se beneficiaba por tener a su disposición flotas de colectivos para el arreo de gente a actos políticos, mientras que el otro tenía la garantía de no ser molestado por su pésimo servicio.

Así pasaron los años, cobrándose la vida de pasajeros, peatones y conductores, víctimas, no de un accidente de tránsito, sino de la desidia y por sobre todo de la corrupción de un clan que se adueñó de esta hermosa ciudad para sus fines particulares.

Hoy, sin soluciones concretas no se puede, por ejemplo, sacar de circulación los ómnibus porque la ciudadanía quedaría sin movilidad; lo que sí se puede es exigir que los empresarios cumplan mínimamente con los requerimientos técnicos para circular y eso es solo cuestión de voluntad política.

Este eterno problema no se puede tomar a la ligera, por ser bastante complejo. La comuna esteña tiene un plan de modernizar el sistema de transporte con buses eléctricos. La esperanza es que el proyecto salga de los papeles, se ejecute de forma responsable y sostenible en el tiempo. Mientras esto no ocurra, a los comunes no nos queda de otra que seguir sorteando la muerte.

patricia.alvarenga@abc.com.py

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