Cumpleaños de la Constitución

El próximo 20 de junio se cumplirá el 30 aniversario de la Constitución Nacional, la más libremente debatida. El convencional, doctor Óscar Paciello, había escrito: Esta Constitución “es la única que en el trajinado decurso de la historia paraguaya, ha sido democráticamente sancionada. Desafortunadamente las Constituciones anteriores fueron acuñadas por el sello de situaciones poco edificantes. Esta, puede decirse, es la primera verdadera Constitución del Paraguay”.

En efecto, la anterior a esta –la de 1967 redactada a imagen y semejanza de la dictadura– fue sancionada en pleno estado de sitio.

Con la actual Constitución ha crecido una generación de paraguayos en libertad y amparados en sus derechos fundamentales. Desde luego, se han cometido errores con la aprobación de algunos artículos que consagran instituciones que pronto llegaron a ser, pese a sus buenos propósitos, un dolor de cabeza para el país.

Comencemos por la vicepresidencia de la República. Sus funciones se establecen en el artículo 239. Son tres. Las dos primeras: sustituir y representar al presidente de la República; la tercera: “Participar de las deliberaciones del Consejo de ministros y coordinar la relación entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo”. Y nada más. Por este “nada más”, la vicepresidencia le cuesta al país una fortuna. Una fortuna para que el vice se lleve una vida regalada sin ninguna responsabilidad, pero con influencias en los Poderes del Estado. El único trabajo que la Constitución le manda, nunca lo hace.

Cuando en la Convención se discutió el artículo 239, el convencional Dr. Enzo Doldán, dijo: “...queremos un elemento activo, participativo y con funciones (...) queremos que la figura del vicepresidente sea realmente una figura importante, que no sea un relleno, que no sea solamente la garantía de una continuidad institucional”. Y resultó un florero, según la expresión popular.

El artículo 237 prohíbe al presidente y al vice “ejercer cargos públicos o privados, remunerados o no, mientras duren en sus funciones (...) deben “dedicarse en exclusividad a sus funciones”. Desde hace meses el presidente de la República busca presidir la Junta de Gobierno de la ANR, y el vice está en campaña para ser candidato colorado en la próximas generales. O sea, nada les importa los mandatos constitucionales. Esto es así porque tales actos no tienen consecuencias políticas ni penales.

Cuando la desobediencia a la Constitución, las leyes y la ética viene desde lo más alto del gobierno, la anarquía se expande abajo.

El otro caso fue la creación del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados y el Consejo de la Magistratura. El error está en su composición al incluir en su seno a los políticos, senadores y diputados.

En descargo de los convencionales, recordemos que en 1992 el Parlamento estaba compuesto por personas honorables. Ni el más agudo y sensible analista habría de sospechar que ese era el último Congreso, mayoritariamente, con miembros que sabían leer y escribir y una conducta, en general, intachable. No había entre ellos narcotraficantes, ni que llegaran con el apoyo de la mafia. No había ni un acusado de lavado de dinero, de andar más en el contrabando y en defensa de contrabandistas que en el cumplimiento de sus funciones parlamentarias. Peor aún, muchos legisladores creen que su tarea principal es dedicarse a la defensa y apoyo de la mafia, del negociado, de la delincuencia en general. Y si había alguno, con toda seguridad se habría ido a la cárcel y no, como hoy, gozando de todos los privilegios del cargo, burlándose de la Constitución y las leyes.

En fin, tenemos cosas que decir todavía de la Constitución Nacional de 1992 en próximos comentarios.

alcibiades@abc.com.py

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