Una democracia fallida

Para que el país viviese en libertad, miles de ciudadanos fueron asesinados, torturados, exiliados, encarcelados. Sobre esta devastación se construyó la democracia al caer la dictadura. En los albores de la democracia se creyó que había llegado el tiempo de paz y de justicia; que el Paraguay sería guiado por leyes justas y sabias; que nunca más sería prisionero de pandillas bárbaras y tendría la ocasión de olvidar el pasado y dirigirse hacia el porvenir con pasos firmes.

El amanecer del 3 de febrero de 1989 fue un día distinto. Fue de abrazos y de risas; de ilusiones y esperanzas.

Hacía mucho que no llovía; las plantas y los animales morían; las personas vivían en la desesperación y la agonía hasta que una tarde cruzan por el cielo truenos y relámpagos. Pronto cae una llovizna como anuncio de importante lluvia. Todos salen de sus casas a gritar gozosos... y era el diluvio universal.

Aquellos gritos jubilosos de febrero se tomaron como el anuncio de un tiempo de prosperidad, pero devino en desilusiones cuando la democracia fue tomada por asalto para la rapiña más feroz que se recuerde.

No, no se regresó a un pasado de pesadillas. Se ha querido corregir los horrores con una Constitución Nacional que asegurase los derechos y las garantías de los ciudadanos. Se han creado instituciones para cumplir y hacer cumplir el deseo de cambios que el país clamaba desde hacía tiempo. Pero al ser asaltada la democracia por la delincuencia, todo se vino abajo.

Era previsible el derrumbe en momentos en que la Constitución y las leyes son, irónicamente, los peldaños para el ascenso de los depredadores ¿Cómo? Valiéndose de la garantizada libertad en todos los órdenes. Esta libertad, al ser amarrada por la delincuencia, se convirtió en pesadilla.

El burro de un campesino se cayó a un pozo. El dueño, suponiendo que estaría muy mal lastimado, quería sacrificarle asfixiándole con paladas y paladas de tierra. Al poco tiempo, el animal salió a la superficie gracias a que venía subiendo sobre la tierra que le arrojaba el dueño para sepultarle.

¿Qué se hacen de las leyes que castigan el lavado de dinero, el contrabando, el uso indebido del dinero público y un montón de etc.? Se hace lo mismo que el campesino que ha querido sepultar a su burro: servirse de las leyes para sacar a la superficie a los corruptos burlándose de ellas.

Y aquí está el desaire humillante a la democracia: la exposición pública de los depravados pavoneándose sobre la Constitución y las leyes. Cada delincuente tiene sus senadores, diputados, fiscales, jueces, que sostendrán a cara descubierta a sus patrones con las más descabelladas razones.

El representante de la Organización Mundial de la Salud, Rodrigo Santos Feijoo, dijo que el contrabando de cigarrillos fomenta el crimen organizado. Es por ello que pide al Paraguay la ratificación, como ya lo hicieron cerca de 60 países, del protocolo para la eliminación del tráfico ilícito del tabaco. Detrás de este tráfico están las drogas prohibidas y los armamentos. La respuesta de un diputado, Justo Zacarías Irún, reaccionó contra el protocolo con estas palabras inolvidables: “no soy ningún pelotudo para no darme cuenta que detrás de todo esto existe una lucha política anti Cartes y es obvio que no vamos a caer en eso y vamos a estar en pos del país y en pos de la industria y no vamos a estar jodiéndole la vida a Horacio Cartes”. La cosa es que el protocolo no quiere cerrar ninguna tabacalera sino que se cumplan las leyes, la ética, la transparencia. De todos modos, es de agradecer al diputado su sinceridad. Nadie, o muy pocos cartistas, se animaría en público a decir que Cartes es contrabandista perseguido por la OMS y casi 60 países. Si no lo fuera, el diputado no saldría a denunciarlo.

Así tenemos que los enemigos de nuestra democracia se alimentan de nuestra democracia a costa de dejarla cada vez más débil, famélica, esquelética.

alcibiades@abc.com.py

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