El aterrizaje de la desinformación

Luego del azote de desinformación que golpeó el escenario político en Estados Unidos en las elecciones presidenciales de 2016 pensé que el fenómeno de la llamada posverdad se replicaría en Paraguay entre 2017 y 2018, especialmente en las campañas hechas a través de las redes sociales. Sin embargo, solo hubo tímidas acciones que poco incidieron en los resultados electorales en aquel entonces.

El panorama pareciera ser distinto en la previa de las internas de este año y las generales de 2023, tal vez sostenido en el hecho de que mucha gente se volcó a las redes sociales y a las aplicaciones de mensajería como primera fuente de información. Esto no escapa al conocimiento de los estrategas comunicacionales que buscan capitalizar la erosión de confianza hacia los medios masivos y trasladan la contienda a las redes y al popular WhatsApp.

El domingo pasado, el diputado Basilio Núñez (ANR) leyó en una sesión extraordinaria un tuit escrito en una cuenta administrada por el cartismo –popularmente conocida como ‘troll’– una supuesta frase del arzobispo de Asunción, Adalberto Martínez, para beneficio de su sector político. La misma resultó ser falsa.

Más tarde, ese mismo día, la candidata al Senado por Honor Colorado, María Teresa Peralta, afirmó en un programa de televisión que la corrupción no constituía un delito.

Estos son los primeros síntomas de una campaña de desinformación en donde la premisa de los candidatos –sean del sector que fuere– es ganar a como dé lugar sin que los hechos importen; total, después viene la negación o la disculpa, que en el tugurio de internet es una anécdota.

En este contexto, también es importante mencionar la necesidad de una alfabetización mediática de la población, en el sentido de aprender a discernir de forma crítica la información que se recibe a través de la plataforma que sea.

Esto también implica la identificación y la evaluación de las fuentes de información y si estas merecen o no ser tenidas en cuenta.

Poco se habla de la pérdida de reflexión crítica sobre los hechos que afectan de primera mano a la ciudadanía, una reflexión que se logra esencialmente a través de la educación. Y lo más importante que la gente debe entender es que, para muchos, la desinformación no es solo poder, sino un lucrativo negocio que redundará en nuevos millonarios que sabrán leer esta coyuntura para asesorar a los angurrientos políticos.

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