Fe que trae salud

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El Evangelio muestra el encuentro de Jesús con una mujer cananea, de otro país, por lo tanto, pagana. El Señor le dice al final de la conversación: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!”

Resulta que ella tenía una hija enferma, y reconociendo a Cristo como Señor, implora que él la sane.

Este episodio nos enseña que Jesús vino para todos, Él quiere que todos se le acerquen y vivan sus criterios. Es el Salvador universal, no solo de un grupo o nación, aunque está la libertad humana, que puede aceptarlo a rechazarlo.

La mujer demuestra una fe humilde, perseverante, que finalmente, alcanza la sanación para su hija.

Ella venía gritando y repitiendo la misma súplica detrás de Él, hasta el punto que los apóstoles sugirieron que Jesús la atendiera, no tanto para hacerle un bien, sino para verse libre de su impertinencia.

La actitud de Jesús es algo extraña, pues al principio, no respondió nada. En seguida, afirmó que solo vino para las ovejas descarriadas del pueblo de Israel. Finalmente, y de un modo duro, dijo a la mujer que no está bien tomar el pan de los hijos para tirárselos a los cachorros.

Ella ya tenía motivos de sobra para retirarse decepcionada, y hasta rabiada. Sin embargo, no lo hace. Al revés, con las armas de la fe y de la humilde, sigue peleando con el Señor y afirma llena de confianza: “¡Y, sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!”

Fue el golpe fatal, que conmovió al Señor, de cierta manera, activó su poder infinito, haciéndole pronunciar las palabras que significaron la cura de su hija.

Es una imponente lección para todos nosotros, pues, normalmente, decimos “tener fe” en Jesús, pero no nos interesamos mucho en alimentarla con la lectura bíblica, la Misa dominical y las obras de misericordia.

Asimismo, delante de algún silencio, o de alguna demora de Dios ante nuestras súplicas, nos angustiamos y renegamos nuestra religión. Incluso, hay personas que buscan supuesta respuesta en el payé, los hechiceros o echando las cartas.

La fe para ser eficaz debe estar acompañada de la humildad, de quien sabe que no es autosuficiente y que necesita de la protección del Señor.

En algunas ocasiones Dios parece que está distante, cuando en verdad está muy cerca e interesado en resolver nuestras dificultades, pero quiere que seamos perseverantes en buscar su ayuda. Si tenemos estas disposiciones, escucharemos de Cristo la misma resolución: “¡Que se cumpla tu deseo!”

Paz y bien