Ensucian las becas de Itaipú

No debería extrañarnos tanto porque, habitualmente, muchas iniciativas y proyectos interesantes se desvían por el camino, por amiguismo o corrupción, tal como sucedió ahora con las becas de Itaipú.

La creación de este fondo económico respondió a una necesidad y a un ideal loable: ayudar a jóvenes de escasos recursos a acceder a una educación universitaria que sus familias no podían solventar.

Estas becas son muy codiciadas pues cada año egresan de la educación media miles de jóvenes que no están en condiciones económicas de pagarse una formación universitaria, sea porque las universidades públicas tienen cupos limitados y las privadas exigen cuotas elevadas.

Por lo expuesto, este año unos diez mil estudiantes completaron los formularios en formato digital para solicitar las becas de Itaipú aunque, finalmente, se presentaron a los exámenes de selección unos cinco mil bachilleres. 1.558 lograron becas para carreras universitarias y 500 para tecnicaturas.

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Al conocerse la lista de becarios, empezaron los problemas, fundamentalmente, por los criterios aplicados en la “evaluación socioeconómica”. Jóvenes que obtuvieron buenos puntajes en lo académico fueron excluidos porque, a criterio de los evaluadores, no eran suficientemente pobres.

Al salir a la luz pública que algunos de los becarios pertenecen a familias acomodadas, de clase media, con padres en cargos públicos, así como empresarios, la indignación popular inundó las redes sociales y los medios de comunicación.

Respondiendo a un modo de ser típico del paraguayo, algunos de los becados alzaron sus fotos en redes mientras hacían turismo en lugares lejanos y costosos; por tanto, evidentemente no son jóvenes de escasos recursos.

Ante el escándalo, Bruno Hug de Belmont, encargado de la Unidad de Becas de la Itaipú, señaló que “se detectó una debilidad en el sistema de selección de no tener un mínimo para superar la evaluación socioeconómica”. Tras hacer una nueva verificación del proceso, se excluyó a 55 beneficiarios por no cumplir con el requisito de ser de escasos recursos.

Este hecho bochornoso para Itaipú nos enseña, por lo menos, dos cosas: una, que los políticos y empresarios amigos hacen tráfico de influencia para distorsionar la ley y, en segundo lugar, que la indignación popular puede enderezar lo torcido.

Las autoridades de Itaipú rectificaron el error, aunque nadie fue culpado ni sancionado por semejante irregularidad. Esperemos que en el futuro no se registren nuevas “debilidades” en el sistema informático, casualmente, para favorecer a quienes no necesitan recurrir a becas para pagarse sus estudios.

ilde@abc.com.py

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