Salud que enferma

Persiste la falta de medicamentos, insumos, equipos médicos de diagnóstico, de tratamiento y otros con problemas de mantenimiento.

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Esto pese a que todo aquel que quiere ser presidente de la República promete salud y educación en primer lugar, pero en la práctica son contados quienes cumplen, en especial en Paraguay.

El ministro de turno, Julio Mazzoleni, y sus colaboradores se pasan hablando de deudas impagas de miles de dólares, por ello semejante problemón con el cual lidiar. Sin embargo, ya pasaron tres meses de que tomó el timón de la cartera de Estado, pero el horizonte cada vez se pone más negro.

Salud Pública es un área demasiado sensible donde no se puede improvisar, porque hay vidas en juego, muchas de ellas ya perdidas por ineptitud, falta de previsión o simple desinterés. Da la impresión de que Mazzoleni eligió a los peores hombres para conformar su primer anillo de colaboradores.

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Es más, se supone que el equipo de transición se conformó para que no les tome de sorpresa nada, a fin de poder tener certeza de donde deben apretar las teclas para hacer andar la maquinaria que debe precautelar la vida de miles de pacientes. Incluso el exministro de Salud Dr. Carlos Morínigo dijo a la prensa que su administración dejó listos llamados a licitaciones para adquirir stock de medicamentos, incluso hasta el 2019, pero el actual gobierno no firma los contratos.

Alguien nos está tomando el pelo, o son verdaderamente inútiles para resolver problemas. Es más, con voluntad política, reingeniería financiera y administrativa, bien pueden echar mano a recursos destinados a gastos superfluos, incluso con dinero de algunas de las binacionales, para poder alivianar la situación, hasta que terminen el ya largo y cansino proceso de ordenar la casa.

De seguir así el panorama nos esperan meses de más quebranto, más si se dan brotes de dengue y demás virus, sumado al aumento de los accidentes de tránsito, que suelen suceder durante las fiestas de fin de año y el verano.

Toda esta situación de incertidumbre en Salud Pública también genera, colateralmente, que afloren otras patologías relacionadas muchas de ellas a la salud mental, tales como depresión, ansiedad, pánico, además del deterioro de la calidad de vida por no poder acceder a una atención de calidad, en tiempo y forma.

Los médicos que quieren cumplir bien su deber de cuidar y salvar vidas también se ven sumamente estresados por el desabastecimiento, ya que saben que exponen al paciente. Y también se exponen ellos a ser procesados por negligencia médica, al realizar sus actos médicos con total precariedad, improvisando muchas veces en busca de dar respuestas.

Esperemos que el juramento hipocrático, que pronunciaron en su graduación, los médicos encargados de gerenciar la salud pública, para orientar éticamente la práctica de su oficio, no lo hayan confundido con ser hipócrita. La esperanza es lo último que se pierde, y con ese afán de mejorar su salud llegan los pacientes a los hospitales y no para recibir un certificado de defunción. Eso deben entender y de una vez trabajar por y para la gente, en honor al eslogan de la Presidencia de la República, o si no, es mejor que se vayan a sus casas.

 

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