¿Adónde van nuestros impuestos?

Las calles en mal estado, los caños rotos, aguas sucias por doquier, las plazas abandonadas, un tránsito caótico, etc. conforman el panorama habitual de nuestra ciudad capital. Por ello, cabe preguntarse adónde van los impuestos y múltiples tasas que pagamos los asuncenos.

La reciente renuncia y posterior imputación judicial del exintendente Mario Ferreiro constituyen solo un episodio más en la larga y antigua lista de desilusiones de los parroquianos en relación a sus autoridades comunales. En sus tiempos, Evanhy de Gallegos, Martín Burt, Enrique Riera y Arnaldo Samaniego también naufragaron en el mar del fracaso en la administración del municipio capitalino.

Probablemente, la causa de tantos problemas no se relaciona con la escasez de ingresos monetarios pues, según consta en las facturas que ahora están recibiendo los asuncenos, aparte del impuesto inmobiliario, hay varias y costosas tasas por recolección de basura, mantenimiento de plazas y jardines, disposición final de residuos, alcantarillado sanitario, reparación de sistema cloacal, conservación de pavimentos, etc.

Si Asunción presenta tantos defectos estructurales y la razón no responde a escasez presupuestaria, entonces debemos buscar cuáles son las causas reales del descalabro comunal.

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Como es habitual en la gestión pública paraguaya, posiblemente ciertos métodos de corrupción se están apropiando ilícitamente de los fondos municipales. Ferreiro está acusado ahora de que durante su administración funcionaba una “caja paralela” que recaudaba para bolsillos particulares y no para la institución, al estilo del sistema montado por Sandra Mcleod en Ciudad del Este. Si esto es cierto, por supuesto que falta plata en varios servicios que debería prestar el municipio.

Por otro lado, la mayor parte de los ingresos por tasas se destina al pago de sueldos de los miles de funcionarios. Asunción tiene cerca de 8.000 empleados, cuando una administración eficiente podría desempeñarse perfectamente con la mitad de dicha cifra. Entonces, los bolsillos de los contribuyentes solventan los salarios de miles de “trabajadores” que en realidad no tienen funciones específicas que cumplir.

Otra parte del problema radica en el déficit cultural del paraguayo que realiza las tareas públicas así nomás, vaivaínte. Los baches callejeros se reparan a medias, las plazas se arreglan y en un par de semanas grupos de manifestantes del interior las vuelven a destruir, en los barrios marginales se “habilitan” vertederos de basura clandestinos, los semáforos se descomponen y permanecen sin funcionar por meses, las aguas negras surgen en cualquier parte, miles de calles jamás se limpian y los jardines hace rato que lucen como matorrales abandonados.

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Contribuyen a empeorar la situación centenares de miles de personas que todos los días ingresan a Asunción provenientes de las vecinas ciudades dormitorios, lo cual aumenta el caos en el tránsito, deteriora las calles y esa multitud aporta su cuota de basura a la capital.

Si estas condiciones generales se mantienen sin variantes, nuestra querida ciudad seguirá siendo una de las capitales más feas y peor cuidadas del continente.

ilde@abc.com.py

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