Perros bravos y malditos courriers

En este Paraguay del siglo XXI, en pleno reinado de las comunicaciones y transacciones vía Internet, cualquiera diría que pagar los servicios públicos de luz y agua es lo más fácil del mundo. No es así; acuérdense de los perros bravos y de los malditos courriers.

A un usuario de la energía eléctrica de Hohenau le llegó una factura de siete millones de guaraníes como una estimación porque el funcionario encargado de la lectura del medidor no pudo ver nada ya que lo asustó el perro bravo del dueño de casa. En realidad, la mascota era mansa pero la factura sí era real.

Los lectores de medidores de la Ande parecen estar munidos del don de la adivinanza, pues “estiman” lo que se consume y las cuentas mensuales suben y bajan, como en tobogán.

Con los encargados de chequear los medidores de Essap, ocurre un fenómeno similar. Permítanme un ejemplo personal: la calle frente a casa tiene una pendiente y con una lluvia grande el medidor queda tapado por tierra y basura que arrastra el raudal. Recurrí al ente, pagué 90.000 guaraníes para que vengan a levantar el aparato sobre el nivel del suelo. A pocas semanas, el medidor se volvió a hundir, la tierra se compactó sobre el mismo, pero..., la factura sigue llegando cada mes gracias al lector adivino.

Con la Ande, el problema es que la factura te llegue a tiempo para pagarla. Se nota que el repartidor tiene mucho trabajo pues te trae el comprobante el día antes o pocas horas previas a la fecha de vencimiento. Si no pagás al instante, tenés que ir al local central y formar una cola bastante larga para evitar que te corten la luz.

La otra opción es el débito automático con tarjeta de crédito. Uno piensa que así se acabarán los problemas. Un momento; veamos lo que sucede. La Ande remite la factura al banco, el cual debita la suma de tu cuenta corriente y deriva el comprobante de pago a un courrier. Allí se arma el gran lío. Como la firma distribuidora recoge miles de facturas de múltiples empresas, los pendejos en moto que reparten los documentos, se ahogan entre tantos papeles y direcciones. Por ahí, la embocan y algún mes te llega la factura de Ande, Essap o Copaco. Eso sí, vos pagás ineludiblemente todos los meses, pero para el sistema contable sos un moroso crónico.

Como tu contador te exige que le entregues todas las facturas para pagar el iva, llamás al banco a protestar porque no recibís el comprobante. Primero, para que alguien te atienda debe ocurrir un milagro, pues lo normal es que una voz sádica te diga: “Muchas gracias por comunicarse con nosotros, su llamada nos interesa; en este momento, todos los operadores están ocupados, por favor aguarde en línea”, e inmediatamente después escuchás por horas una larga tanda de avisos publicitarios del banco o una música que, con el correr de los minutos, se vuelve odiosa.

Cuando, luego de varias llamadas y a punto de mandar todo al carajo, por fin te atiende una operadora, te hace un montón de tontas preguntas “de seguridad” solo para decirte después que el banco no tiene las facturas, no se hace responsable de las mismas porque las derivó hace días al maldito courrier y luego, como burlándose, te preguntar “señor, ¿le puedo servir en alguna otra cosa?”, aunque antes no te haya servido para nada.

Y así andamos; cada mes “regalamos” al Estado miles de guaraníes por los iva que hemos pagado pero no podemos descargar a nuestro favor a fin de mes pues no tenemos los comprobantes. Viva la tecnología 5G.

ilde@abc.com.py

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