Pobreza material y cultural

Eliminar la pobreza ha sido y sigue siendo una meta habitualmente utópica y retórica en los discursos de los políticos en campaña. Ahora, el exintendente liberal y actual director de una fundación, Martín Burt, pretende el mismo objetivo a través de un proyecto de ley que obligue a un trabajo interinstitucional, estatal y privado para sacar a los pobres de su lamentable situación.

La fortaleza de la nueva propuesta radica en que la pobreza no debe medirse solamente en la precaria o nula propiedad de bienes materiales (casa, muebles, vehículos, etc.) sino también en la actitud y la mentalidad de las personas que sobreviven en la franja de población de menores ingresos de la sociedad.

Esta visión no engloba la totalidad de una situación tan difícil y compleja como arrastrar una vida en medio de múltiples carencias de necesidades básicas del ser humano. Las personas que, en el día a día, deben luchar por conseguir aunque sean migajas del pan diario, no tienen tiempo para pensar que podrían acceder a un futuro mejor.

Por otra parte, hay muchísimos ejemplos, tanto en el país como en otras latitudes, de personas que nacieron en la más extrema pobreza y que, sin embargo, gracias a un sostenido esfuerzo personal, pudieron acceder a mejores condiciones de vida e, incluso, lograron alcanzar el éxito y un holgado bienestar socioeconómico.

Las puertas para salir de la pobreza son dos: la disposición personal del afectado por mejorar su vida con su propio esfuerzo y alguna oportunidad laboral que le brinde la sociedad, sea a través del Estado o del sector privado.

Los subsidios económicos, los planes sociales, la ayuda universal por hijos, la compensación por desempleo, la pensión por madre soltera o cualquier tipo de asistencia desde el Estado no constituyen una solución de verdad, a mediano y largo plazo.Las dádivas que caen del cielo fiscal en realidad pueden perjudicar a las personas carenciadas pues las acostumbran a esperar eternamente un futuro mejor que jamás llegará. Los subsidiados estales se convierten en vagos profesionales y ahí se quedarán por siempre.

No sabemos si este proyecto de Burt servirá para algo o pasará a formar parte de la amplia biblioteca de normas y leyes que duermen en los archivos oficiales pero no tienen ninguna vigencia en la dura vida cotidiana. Conociendo los bueyes con que aramos, es muy posible que ese sea su destino final.

Lo que sí conviene resaltar es la idea de que se puede salir de la pobreza, con la condición indispensable y fundamental de que el pobre quiera y se esfuerce, con seriedad y persistencia, a mejorar su nivel de vida. Se puede progresar únicamente con el trabajo personal y es esta actitud la que debe ser respaldada, con facilidades de capacitación y con ofertas de empleos dignos, tanto por parte del Estado como de los empresarios en general.

Educar, capacitar, estimular los deseos de progreso de la gente por salir adelante son los instrumentos adecuados para ir reduciendo, aunque sea lentamente, los niveles de pobreza en nuestro país. El proyecto Burt es apenas un camino posible, pero existen miles de senderos transitables para las millones de personas que necesitan superar la situación de pobreza en la que sobreviven.

ilde@abc.com.py

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