Junto a otros chicos, Aramí realiza diversas actividades, como visitas a hogares de ancianos y de niños, y misiones evangelizadoras en el barrio en que se encuentra la iglesia. Ella es vicecoordinadora del grupo juvenil de la parroquia San Pedro y San Pablo.
La joven afirma que lo más lindo de llevar a cabo este tipo de acciones es la posibilidad de cumplir el deseo que tienen los abuelitos de ser escuchados; también disfruta del hecho de jugar y compartir con los niños. A través de esto, se da cuenta de que algunas personas no necesitan solo cosas materiales, sino también ser oídas por alguien más.
“La fe consiste en confiar en algo que no vemos pero sí podemos sentir”, comenta Aramí. Según ella, debemos demostrar nuestra fe de dos maneras: cumpliendo con los mandamientos religiosos y realizando los actos con el corazón. “Si vamos a misa y comulgamos por mera costumbre, sin sentimiento de por medio, no sirve de nada”, destaca.
La joven expresa que estar en un grupo juvenil le ha ayudado a cambiar la manera de ver las dificultades del día a día. “Tuve problemas durante la niñez y sentía que ya no podía continuar. En el grupo, recibí mucho apoyo y me identifiqué con otros adolescentes que estaban pasando por situaciones difíciles; comprendí que con la fe es posible salir adelante, sin importar cuán grande sea el problema que estás enfrentando”, agrega.
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Según Aramí, lo más hermoso de pertenecer al grupo es la oportunidad que tiene de demostrar a los demás chicos que sí pueden superar los obstáculos. “Muchos no se quieren acercar a la iglesia por miedo a qué van a decir los otros cuando cuenten sus problemas; por eso es lindo ver cómo hay gente que desea unirse y confiar en nosotros”, manifiesta la chica.
La creyente invita a todos los jóvenes a no tener miedo de decir “sí” al Señor, porque es el amigo que nunca falla. “Si bien algunas personas nos decepcionan o son indiferentes con nosotros, no debemos olvidar que existe un ser misericordioso que siempre va a estar a nuestro lado y nos escucha todo el día. Se tienen que acercar a las misas, pero no por obligación, sino con ganas de sentir a Jesús en el corazón”, finaliza.
Por Viviana Cáceres (19 años)
