"Debés tener el auto del año, ropa y carteras de marca". ¡Materialista detected!

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Si tu amiga te escanea de pies a cabeza, cuidado. ¡Se ha detectado a una materialista! Al mundo venimos y lo dejamos con las manos vacías. ¿Qué tal si damos más importancia a pasar ratos lindos que a despreciar a alguien por no tener el autazo del año?

¿Qué es lo primero en que nos fijamos cuando nos encontramos con alguien? Aunque muchas personas sostengan que no les importa lo material, deberíamos confesar que, muchas veces, prestamos una considerable atención a la ropa, al zapato, a la cartera y, claro, al teléfono que los demás tienen.

No es el fin del mundo echar un ojo al vestido nuevo que luce tu amiga; no obstante, hay personas que observan detenidamente todos los detalles de las pertenencias que la gente de su entorno posee. Estos jóvenes son llamados "los individuos materialistas"; ellos son quienes clavan su mirada en la calidad y en la etiqueta de las prendas de vestir, zapatos y demás accesorios.

Los jóvenes materialistas en varias ocasiones discriminan a las personas de su alrededor, pues el chico que no tiene el smartphone con el símbolo de la manzana pasa a ser un equis sin valor, voz ni voto. Además, para ellos, poseer las llaves del auto del año y de un departamento en el centro es una prioridad más urgente que el hecho de compartir con los amigos.

Las pertenencias personales son elementos que nos ayudan en el día a día; sin embargo, eso no significa que sean más importantes que la amistad y la familia. Al mundo llegamos sin nada y, lamentablemente, regresamos al más allá con las manos vacías. De polvo eres y en polvo te convertirás.

Tendríamos que darnos cuenta de que las cosas más importantes en la vida, exactamente, no son cosas sino momentos hermosos que experimentamos. Un abrazo, una mirada y un "te quiero" son más significativos que vestir las prendas más caras, ya que si nos ponemos a pensar, las ropas, al fin y al cabo, no son más que simples trapos que usamos. Recuerda al Principito: lo esencial es invisible a los ojos.

Por Rocío Ríos (18 años)