Belgrado: Amor a segunda vista

Belgrado es imposible de encasillar. Se mueve entre la nostalgia de los Balcanes y un ritmo incontenible en el que los creativos quieren dar el gran golpe. Apenas uno llega al aeropuerto de la capital de Serbia, recibe un cachetazo de olores: se sienten los retretes y un humo intenso de cigarrillo, nada de perfumes importados, ni café recién molido. Pero entonces, ¿por qué todos dicen que esta metrópoli es el lugar ideal para visitar?

https://arc-anglerfish-arc2-prod-abccolor.s3.amazonaws.com/public/GEIV2J5IGJGJ3CHTDARFFQ44XY.jpeg
A algunos les da tristeza, a otros nostalgia. Así es una calle de Belgrado.DPA

En Europa todo el mundo dice que Belgrado es muy cool. Salvaje y económica como Berlín después de la caída del Muro, entre los entendidos es una recomendación sotto voce. ¡Hay que ir ya!

Si uno no estuvo nunca en la ex Yugoslavia, cuando vaya a Belgrado tendrá la impresión de estar yendo al cine. Todo depende de lo que uno quiera ver, por supuesto, pero hay sitios al estilo de la "Dolce Vita" y otros del tipo drama histórico local. Lo que se busque, se encuentra.

De todos modos, lo primero que se impone es la tristeza. En el aeropuerto espera un taxi para ir al centro, y ese primer tramo que recorremos entre las pistas de aterrizaje y la ciudad es un verdadero viaje al pasado, pasa por unas construcciones inmensas de cemento, por una cantidad interminable de edificios en serie. Es un sitio gélido, se siente el esplendor de una brutalidad que se plasmó en la arquitectura de la segunda mitad del siglo XX, a la que se suma la torre Genex, "la puerta occidental de Belgrado". Uno tiene la fuerte impresión de que el pasado, en este sitio, debe haber sido bastante duro.

PUBLICIDAD

La ciudad fue destruida y reconstruida varias veces. Ha quedado una mezcla de todos los siglos pasados: obras esplendorosas del neoclacisismo, art nouveau, restos del Imperio Otomano, todo atravesado por cables de electricidad que se cruzan por todas partes, fachadas rajadas o a medio terminar, como si los obreros en algún momento hubiesen tenido ganas de hacer otra cosa, o como si se hubiese acabado el dinero en la mitad de la obra.

Pero hablemos de Ada, la península artificial a la que todos los locales apuntan cuando uno les pregunta dónde se puede ver la vida auténtica de esta ciudad. En la península te puedes sentar a beber una copa de vino en la playa. Así se siente el verano en Belgrado. Si das una vuelta por la orilla, te encontrarás con muchos localcitos y restaurantes. ¿El código de vestimenta?: pantalón de jogging y deportivas.

"En verano hace muchísimo calor, unos 35 grados", dice Radovan Pesic, que trabaja con su hermano en el "Tropical Heat", un restaurante que lleva el nombre de una serie policiaca estadounidense de los 90. "En ese momento fue gran éxito en Serbia", cuenta Pesic y pone a funcionar la máquina de palomitas. Uno tiene la impresión de estar justamente en esa década. "Francamente no ha cambiado mucho desde entonces", cuenta este serbio que también vivió en Rusia, Sudáfrica y Chipre. En algún momento quiso regresar. "Es que Belgrado tiene una fuerza de atracción muy particular", asegura.

"Cada vez son más las personas que quieren volver a poner esta ciudad en el mapa", dice Luka Lazukic mientras fuma y oculta su cansancio detrás de unas gafas de sol XXL. "Uno no puede entrar tan fácilmente en este mundo, pero una vez que estás, descubres un Belgrado totalmente distinto debajo de la superficie", dice el empresario de IT en el restaurante "5A Soba". Este hombre de negocios cuenta que muchos se fueron después de la guerra. Salieron en busca de mejor vida, "y ahora regresan trayendo las nuevas tendencias", asegura.

No sólo hay locales. También se suma la gente de negocios de los países limítrofes. Vienen de Bosnia, de Montenegro, y hacen que Belgrado se convierta en un mosaico balcánico muy particular.

El que tiene dinero, en Belgrao es un rey. Los que no, también vienen a pasarla bien. Los alquileres se pueden pagar y la inspiración florece de todas las paredes. Ea una metrópoli de tantos contrastes que se vuelve atractiva para gente de todo el mundo. Lazukic dice que el barrio Dorcol es bastante parecido a Williamsburg en Nueva York. "Antes era el rincón más peligroso de la ciudad. Hoy está de moda".

Una vez que sabes que esos sitios están, comienzas a verlos por todas partes: tiendas vintage, oficinas de co-working, sitios de diseño, floristas. En fin. De tristeza, finalmente, ni rastro. No es amor a primera vista. Pero a segunda. Y vale la pena verlo.

PUBLICIDAD

Te puede interesar

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD