02 de Febrero de 2014 00:00

 

El pueblo no aprendió aún a defender sus derechos

Por Elvira Olmedo Zorrilla

Es preocupante que a 25 años del golpe, el pueblo no haya logrado aún un nivel de conciencia en la defensa de sus legítimos derechos, por lo que existe una ardua tarea de concienciación en la defensa de las instituciones democráticas.

Julio Belotto.

Julio Belotto. / ABC Color

Es preocupante que a 25 años del golpe, el pueblo no haya logrado aún un nivel de conciencia en la defensa de sus legítimos derechos, por lo que existe una ardua tarea de concienciación en la defensa de las instituciones democráticas, ya que algunos sectores de la sociedad añoran el autoritarismo reinante en la dictadura.

Eso afirmó Julio Belotto Cáceres (73), uno de los coordinadores ejecutivos de la Coordinadora de Luchadores/as y Víctimas de la Dictadura (Codelucha), entidad sin fines de lucro creada el 24 de noviembre de 2006. Añadió que en el Paraguay hace falta una renovación de políticos honestos, coherentes y con ética. Y no puede haber democracia con la falta de justicia, sin trabajo, salud y educación, con tanta hambre y miseria.

Nacido en Asunción el 31 de enero de 1940, Belotto relató que comenzó su lucha como dirigente del Centro Estudiantil Ismael González de la Escuela Nacional de Comercio N° 1, en 1959. Cuando estaba en el último curso reclamó la rebaja de pasajes que había aumentando de tres a cinco guaraníes, junto con los centros estudiantiles del Colegio Nacional de la Capital. A raíz de la violenta represión de la Policía Montada y el Escuadrón de Gases Lacrimógenos, utilizado por primera vez en contra de los estudiantes que se manifestaron en forma pacífica en la Plaza Italia, por orden de los jefes policiales (Erasmo Candia, Ramón Duarte Vera y Saprisa Corrales), se formó la Coordinadora de Huelga. Así se realizó la más grande manifestación estudiantil el 29 de mayo de 1959 a la noche.

Recordó que los manifestantes trataron de avanzar hacia el Congreso Nacional desde la Plaza Uruguaya, hasta la calle Yegros por la Calle Palma, donde estaba el cordón policial. El objetivo era lograr el apoyo de la Cámara de Representantes para el procesamiento y destitución del jefe de Policía, Ramon Duarte Vera, responsable del apaleamiento de los estudiantes que fue resuelto por la Cámara Unicameral de entonces.

Así la gran masa estudiantil fue a establecerse en los predios del Colegio Nacional de la Capital. Allí fueron igualmente brutalmente reprimidos, en la madrugada del 30 de mayo de 1959.

Belotto dijo que la incipiente dictadura de Stroessner dio su autogolpe el 30 de mayo de 1959, al disolver el Congreso Nacional, apresar a todos los caudillos opositores del propio Partido Colorado como Waldino Ramón Lovera, Miguel González Casabianca, Mario Mallorquín y Nelson Rolón (todos fallecidos actualmente). También la mitad de la Junta de Gobierno de la Asociación Nacional Republicana fue expulsada. Fue a consecuencia del pedido de normalización institucional de la República, gobernado por un partido único, la apertura democrática, libertades públicas, una amnistía general amplia para un cambio para la democracia y un pedido de realización de una Asamblea Nacional Constituyente para modificar la Constitución autoritaria de 1940. Además, la libertad de prensa y reunión fue solicitada por un grupo de colorados progresistas, denominada la Nota de los 17.

“Los representantes de los Centros Estudiantiles (mayoría colorados excepto de la Escuela Nacional N° 2, del Partido Liberal, Aniano Denis Estigarribia), queríamos la apertura democrática en el país, ya que había un partido único desde la Guerra Civil de 1947”, rememoró Belotto.

Añadió que los representantes estudiantiles de la Coordinadora de Huelga continuaron en la clandestinidad, resistiendo a la represión oficialista, pero realizando permanentes mitines relámpago en distintos centros educacionales, logrando el apoyo de varios estamentos universitarios y de la ciudadanía en general. “Fue una huelga triunfante, porque logramos la rebaja de pasaje nuevamente a 3 guaraníes”, indicó.

¿Fue preso varias veces, puede mencionar algunos casos?

-Me apresaron en forma violenta el 23 de junio de 1959, a las 21:00 con tiros de ametralladora en la esquina de México y 25 de Mayo, a la salida de un mitín de la Escuela Nacional de Comercio N° 1. Me rompieron la cabeza, con un revólver (nos muestra la gran cicatriz en la cabeza). Me desmayé porque sangraba mucho. Mis compañeros me creyeron muerto.

Pero la Policía me alzó en la famosa “Caperucita Roja”, el terrorífico minibús que se usaba para llevar a los presos a la Policía. Recuerdo que me desperté cerca de la medianoche en Investigaciones, después de derramarme un balde de agua, para conseguir mis datos personales. El policía Raimundi, por encargo de Erasmo Candia, me daba patadas y bofetadas para recordar la dirección de mi casa, a fin de realizar el allanamiento. Al día siguiente, a las 5 de la mañana, el 24 de junio de 1959, me llevaron frente a Investigaciones, que era el Cuartel Central de Policía donde estaba en su despacho el jefe Ramón Duarte Vera, quien de entrada me azotó con el famoso “teju ruguáy” (cola de lagarto).

Hice un ademán para evitar más golpe en la cara y Duarte Vera me dice: “Acuéstese”. Allí trae la Resolución N° 4, firmada por los miembros de la Coordinadora de Huelga donde yo figuraba como firmante, donde no solamente se pedía la rebaja del pasaje, sino también su propia destitución. Allí, Duarte Vera me grita: “mitaí sin barba, cómo usted va a pedir mi destitución”. Y me seguía azotando. Por cada línea que leía del escrito me pegaba hasta dejarme desmayado, gritando de dolor.

¿Mientras tanto, qué hicieron sus compañeros de lucha?

-A raíz del pedido insistente de mis compañeros por mi supuesto cadáver, porque me creyeron muerto, la Policía se vio obligada a hacer una conferencia de prensa para demostrar que estaba vivo. Fue para dar respuesta a la prensa nacional y extranjera. Posteriormente, me trasladaron a la Guardia de Seguridad donde quedé preso hasta fines de julio de 1959, fecha en que fui liberado. Luego el 13 de agosto me detuvieron de nuevo porque la Juventud Estudiosa Paraguaya se negó a desfilar ante el dictador Stroessner el 15 de agosto de 1959, donde en vez de festejar el aniversario de la Ciudad de Asunción, el dictador pretendía conseguir la adhesión a su régimen.

Pero los estudiantes, nos negamos. Entonces, fuimos apresados todos los dirigentes de los Centros Estudiantiles. Rasuradas las cabezas, vestidos de verde olivo, fuimos enviados a diferentes fortines del Chaco. Yo fui confinado junto con Heriberto Florentín Peña y Emiliano García al fortín militar “Nueva Asunción”, ex Picuiba, a 750 kilómetros al noreste de Asunción, a 35 kilónmetros del Fortín Yrendague y a 50 kilómetros de la frontera con Bolivia. A Nelson Darío Silvera del Centro 23 de Octubre del Colegio Nacional de la Capital le envió al Fortín Lóbrego, cerca del Río Pilcomayo, en donde en menos de dos meses se escapó a la Argentina.

A nosotros, nos costó la evasión por el desconocimiento total del terreno donde estábamos. En el lugar fuimos obligados a hacer trabajos forzados a punta de fusil. Nuestros guardiacárceles se turnaban un mes al frente, entre los que puedo mencionar, al piloto aviador militar Pedro Alcántara Valenzuela, Tte. Angel Souto Hernández (luego fue ministro de Defensa y embajador en España), Sinecio Noceda y otros. El teniente piloto aviador militar Raúl Calvet en el fortín me jugó tiro al blanco. Me recostó cerca de una planta de quebracho para demostrar su puntería y dibujó a tiros mi contorno.

Finalmente, nos escapamos el 10 de enero de 1960 hacia Bolivia, juntamente con Emiliano García y fuimos salvados por personal de la empresa Yacimiento Petrolíferos Fiscales, en la zona de Algodonales; nos llevaron hasta Villamontes. Allí nos quedamos detenidos por falta de documentación. Luego, las mismas autoridades bolivianas nos trasladaron a la frontera con Salta, Pocito (Argentina), donde solicitamos asilo político durante la presidencia del gobierno democrático de Arturo Frondizi.

Recuerdo que haciendo dedo, y pidiendo de comer en los mercados y a personas solidarias llegamos hasta la ciudad de Embarcación, pasando por Orán, Tartagal, donde tomamos un tren hasta Formosa y luego a Clorinda donde nos presentamos para activar con el recientemente creado Movimiento Popular Colorado (Mopoco) en el exilio. Estaba al frente, su presidente Dr. José Zacarías Arza. La mayoría de los miembros eran expulsados del Paraguay, constituían aproximadamente, 40 miembros. En marzo de 1960, se constituye oficialmente el Mopoco y pasó a integrar 120 registrados. Entre sus miembros estaba Epifanio Méndez Fleitas, Osvaldo Chávez, Waldino Ramón Lovera, Diosnel Bécker Gutiérrez, Agustín Goiburú y Sandino Gill Oporto, por mecionar algunos.

¿Cuántos años estuvo en el exilio?

-Estuve 30 años en total, hasta el golpe del 2 y 3 de febrero de 1989. Eso implica para mí haber sobrevivido también la sangrientas cadenas de dictaduras militares en la Argentina (Juan Carlos Onganía, Agustín Lanusse, el más cruel de todos, Jorge Rafael Videla con una secuela de miles de presos, torturados y 30 mil desaparecidos según informe de la Comisión Nacional de Desaparecidos de la Argentina). No puedo negar, también viví la satisfacción de dos triunfos del sistema democrático, en la Argentina ( Héctor Cámpora en 1973; Raúl Alfonsín, en 1983).

En la Argentina comencé a trabajar en el ramo de la construcción para la susbsistencia, y al conseguir mi certificado de estudios en el Paraguay terminé mis estudios secundarios, en 1962. Luego proseguí en la Facultad de Ciencias Económicas de la Ciudad de Buenos Aires. Me desempeñé en mi profesión de contador, en varias empresas argentinas. Tengo dos hijas argentinas y un hijo paraguayo.

¿Qué secuelas le dejó la dictadura a nivel personal?

-Me convirtió en un luchador social, no solo a mí, sino a todos los que fuimos perseguidos y soñamos siempre con un país con mayor justicia social y equidad. A pesar de las torturas y los dolores del exilio, mi experiencia me ayudó a ver un mundo de solidaridad fuera del país y una visión más global de los problemas políticos y sociales de Latinoamérica y el mundo. Porque desde la Argentina recibimos invitaciones de otros países, incluyendo los países socialistas de entonces. Así viajé a varios países europeos y la entonces Checoslovaquia y también a Cuba.

¿Cuál es su evaluación de la democracia paraguaya?

-La transición democrática está aún infestada de stronistas. Hace falta una renovación de políticos honestos, coherentes y con ética. No puede haber democracia con tanta hambre y miseria en el país y con tantos compatriotas que emigran a otros países, en busca de mejores oportunidades para sus familias. Me entristece esta circunstancia y me obliga a volver al campo de lucha, ayudando en este caso a las víctimas de la dictadura, desde Codelucha (integrado por miembros de todos los sectores políticos, sin discriminación de ningún tipo) y la Mesa Memoria Histórica, enmarcado siempre en el área de los Derechos Humanos.

Sí, hemos conquistado algunas libertades públicas como las de reunión, de información, pero la gran materia pendiente sigue siendo la parte social y económica y la falta de desarrollo del país. La impunidad en varios aspectos es notorio. Es difícil la justicia para los pobres porque se inclina más hacia el poder dominante. Reclamamos un juicio equitativo para los torturadores y el castigo correspondiente. Porque son escasas las condenas. Sin embargo, hay más de 200 violadores de los Derechos Humanos.

¿Qué opina de que sea el Estado quien indemnice a las víctimas y familiares y no los responsables directos de los hechos de tortura?

-El Estado es siempre responsable de la seguridad y de la integridad, de sus habitantes. Y como en este caso, en el Paraguay se practicó el terrorismo de Estado. Más de 8 mil personas tienen resoluciones aprobadas para la indemnización, en la Defensoría del Pueblo. Además, están pendiente más de 16.000 expedientes de solicitud, en trámite.

Las leyes de indemnización fueron inicialmente la N° 838/96, que indemnizan a las víctimas de la dictadura stronista (1954 a 1989). Fue ampliada con la Ley 3603/08 para los hijos de las víctimas directas. Posteriormente, una Ley aclaratoria, la 4381/11 estableció procedimientos y plazos, que en vez de ayudar a su agilización, como fue la idea original, contiene un artículo donde el dictamen de la Procuraduría General de la República lo torna vinculante a la Defensoría del Pueblo. Esto ocasionó, un perjuicio debido a la imposibilidad de pedido de reconsideración en la Defensoría del Pueblo. Así se produjo el rechazo de más de 3.000 expedientes en trámite; muchos de ellos, probadamente víctimas de la dictadura y no algunos intentos de cobros indebidos, que presumiblemente, existen.

¿Qué trámites están haciendo en la Procuraduría General de la República, al respecto?

-Es un tema que estamos debatiendo entre las organizaciones de víctimas de Asunción y del interior del país. Porque ya en mayo del 2013, con el procurador de entonces, Pedro Valiente Lara, se intentó paralizar todo el pedido de indemnización de víctimas, al presentar el procurador general un recurso de inconstitucionalidad de la ley 838/96.

Se alegó que se estaban desangrando las arcas del Estado, y el pago corresponde a los responsables directos de las violaciones de los Derechos Humanos. Sin embargo, el Art. 39 de la Constitución Nacional vigente señala que el Estado debe indemnizar los daños causados a sus habitantes, por lo que concluimos que el procurador no cumple sus funciones de recuperar los bienes malhabidos (inmuebles y dinero en bancos extranjeros) de los jerarcas stronistas.

La inconstitucionalidad fue desbaratada mediante la movilización general pública de las víctimas realizada el 31 de mayo de 2013. El propio procurador retiró su pedido de la Corte Suprema de Justicia. Por lo tanto, continúa el pedido de indemnización.

Usted retornó al Paraguay en 1984, para ver a su madre enferma y fue nuevamente, apresado ¿puede relatar ese hecho?

- Sí, luego de 25 años de exilio, regresé al Paraguay y cuando intentaba pasar desapercibido me reconocieron y me apresaron en la misma entrada de Puerto Falcón. A partir de ahí la Policía no me dejó un instante. Era para ver a mi madre enferma, Engracia Ramona Cáceres, que vivía en Caaguazú.

La Policía me trajo detenido para hacer averiguaciones sobre el viaje realizado a Cuba en 1962. Estuve 8 días preso nuevamente y fui liberado gracias a la gestión de los dirigentes del Mopoco Waldino Ramón Lovera y Sandino Gill Oporto, y regresé a la Argentina. Ocho días después, recibí la triste noticia del fallecimiento de mi madre, en Paraguay, y ya no pude regresar.

Continué mi militancia activa en el Mopoco y otras organizaciones pluralistas como Paraguay Democrático y Acuerdo Nacional Paraguayo. Regresé definitivamente luego del golpe del 2 y 3 de febrero de 1989. Recuerdo que yo y otros compañeros vivíamos en el local alquilado del Mopoco en Azara 479. En la dictadura éramos como los leprosos de la sociedad, marginados y ni siquiera éramos bien vistos en las casas de nuestros familiares por el temor a la represión del régimen stronista.

En el marco de los 25 años del golpe, ¿qué logros puede puntualizar, en el marco de los derechos humanos?

-Estamos aún en una etapa de avances y retrocesos. Valoramos fundamentalmente la democracia, aún con todas sus debilidades. Con grandes falencias todavía en el campo de los derechos humanos. Los logros importantes fueron el esfuerzo de la sociedad civil al instalar la creación de la Defensoría del Pueblo y la concreción de una Comisión Investigadora denominada Comisión de Verdad y Justicia, que funcionó desde 2004 al 2008. La institución entregó sus conclusiones a los tres poderes del Estado que contiene más de 20.000 testimonios que evidenció los apresamientos políticos, las torturas, los asesinatos y ejecuciones extrajudiciales, los confinamientos a trabajos forzados, los destierros sin medidas y las desapariciones de personas.

Además se dieron más de cien recomendaciones para encaminar la construcción de una nueva sociedad, basada en el respeto a los Derechos Humanos. Se pidió la creación de un Ministerio de Derechos Humanos e impartir enseñanza obligatoria de materias de Educación Democrática e historia reciente, en todos los niveles académicos.

Entre los retrocesos, podemos mencionar la falta de voluntad política de los ocho gobiernos de la transición, de poner en vigencia efectiva la política de Derechos Humanos. Porque no se creó el Ministerio del ramo recomendada por la Comisión de Verdad y Justicia. Igualmente no se cumplieron los compromisos internacionales en la materia, que el Paraguay firmó con las Naciones Unidas y otros organismos. Además, ensombreció algunos intentos de desvíos democráticos como el golpe de Estado Parlamentario, ocurrido en junio de 2012.

Felizmente, fue encaminada con las elecciones del nuevo gobierno, que asumió el 15 de agosto del 2013. Por supuesto, no podemos olvidar que están pendientes las reivindicaciones históricas como la recuperación de los bienes malhabidos, la concreción de una reforma agraria integral. Asimismo, la reiterada impunidad y la corrupción en todos los estamentos del poder. Lo más preocupante es que el pueblo no ha logrado aún un nivel de conciencia en la defensa de sus legítimos derechos, por lo que existe una ardua tarea pendiente de concienciación en la defensa de las instituciones democráticas, ya que algunos sectores de la sociedad añoran el autoritarismo reinante en la dictadura.

A lo mencionado se suma el desencanto que produce en el pueblo, supuestamente, la democracia a la que adjudican el aumento de la inseguridad y la pobreza sin solución. Esto hace que algunos sectores crean que los luchadores de los Derechos Humanos defendemos a los delincuentes. Debo aclarar, que los luchadores de los Derechos Humanos no defendemos al grupo autodenominado Ejercito del Pueblo Paraguayo (EPP). Porque es un grupo criminal, ligado al narcotráfico, que ha matado a personas inocentes, perjudicando al Estado de Derecho conseguido con las instituciones democráticas. Sí, hemos justificado todo tipo de lucha durante la etapa de la dictadura para conseguir la libertad, amparados por la misma Constitución, pero ya estamos en otra etapa y, aún con sus debilidades, la democracia es preferible a la vuelta de la dictadura.

Otra materia pendiente constituye encontrar los restos de las aproximadamente 500 personas desaparecidas en la era stronista. Las mismas están documentadas en la Comisión Verdad y Justicia, que actualmente es una Dirección de la Defensoría del Pueblo, para lo cual se creó en agosto de 2013 la Dirección de Reparación y Memoria Histórica, dependiente del Ministerio de Justicia y Trabajo. Está a cargo del Dr. Rogelio Goiburú, hijo del desaparecido Agustín Goiburú, quien me convocó a colaborar con su equipo para la búsqueda e identificación de los restos de los desaparecidos en la época de la dictadura.

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-Belotto vive actualmente en Laurelty, Luque. Desde la Coordinadora de Luchadores y Víctimas de la Dictadura (CODELUCHA) hace reclamos de resarcimiento económico conforme a la Ley 838/96, 3603/08 y 4381/11, colabora en las gestiones ante la Defensoría del Pueblo, Procuraduría General de la República y el Ministerio de Hacienda.

-Uno de los proyectos por él, ambicionado y no concretado es que en los colegios y otros niveles de estudios, se establezca la enseñanza de dos horas de la materia: “Historia reciente del Paraguay”, en forma obligatoria. Y que una hora, abarque la parte teórica de la exposición y otra hora puedan las víctimas sobrevivientes, dar sus testimonios de vida. De esa forma quiere hacer conocer a las nuevas generaciones las historias vivientes del Paraguay, como una formación de conciencia y de educación, en Derechos Humanos.

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