¿Se puede perdonar una infidelidad? Las certezas sobre el amor que empecé a cuestionar

La psicóloga Laura Torres fue entrevistada en el programa Doble B.

Hay preguntas que parecen tener una respuesta obvia hasta que la vida, con sus matices y contradicciones, nos obliga a mirarlas de nuevo.

Durante generaciones, a muchas mujeres (y a algunos hombres también) se les enseñó que debían quedarse en sus matrimonios, soportarlo todo y preservar la familia, incluso a costa de su propia felicidad. Por las apariencias, por los hijos, por lo que dirán los demás. Pienso en nuestras abuelas y bisabuelas y en cuántas habrán tenido que callar para sostener una vida que no necesariamente las hacía felices.

Hoy, por fortuna, muchas de esas reglas ya no se aceptan. Una infidelidad puede ser motivo suficiente para terminar una relación.

Pero una charla con Laura Torres, terapeuta de parejas, me dejó pensando: ¿y si, en el camino de romper con aquellos mandatos, terminamos construyendo otros igual de rígidos?

Porque: no todas las infidelidades son iguales. Y no todas las parejas son iguales.

Laura Torres y Belén Bogado mantienen una conversación en el set del programa Doble B.

Durante nuestra charla Laura me recordó que, lamentablemente, todavía no existe una receta universal para atravesar una crisis de pareja. Cada historia es diferente y antes de tomar una decisión, hay que entender qué hay detrás de esa infidelidad, cómo la viven ambas personas y, sobre todo, si después de lo ocurrido todavía existe una relación que estén dispuestos a reconstruir.

No se trata de volver a aguantarlo todo, pero tampoco de creer que no se puede perdonar nada. Una familia construida juntos y los años compartidos no obligan a quedarse, pero pueden ser parte de lo que una pareja considera al decidir si vale la pena intentarlo de nuevo.

Quizás la evolución no consista en pasar de una regla absoluta a la contraria, sino en recuperar la libertad de decidir sin mandatos: ni el de quedarse a cualquier precio ni el de irse sin siquiera preguntarse si existe algo que todavía se puede reconstruir.

El amor no se sostiene por inercia

La charla con Laura nos dejó tarea: elegirse una vez no garantiza que el vínculo se mantenga con el paso de los años. Por eso hace falta trabajarlo. Y mucho.

¿Y qué significa ese trabajo? No solamente resolver los conflictos cuando aparecen, sino prestar atención a la relación antes de que se deteriore. Hablar, escuchar, revisar lo que no funciona y no suponer que el otro tiene que saber qué necesitamos. Implica también entender que las personas cambian y que una pareja debe encontrar la manera de acompañar esos cambios.

Laura mencionaba que muchas de las parejas que llegan a su consultorio lo hacen diciendo que esta será su último intento antes de tirar la toalla. A ella le preocupa que esperen hasta estar tan cerca de la ruptura para buscar ayuda. ¿Por qué llegar al límite antes de intentar entender qué está pasando?

Por suerte, la terapia de pareja dejó de ser aquel recurso que muchos asociaban con relaciones al borde del abismo. Cada vez está más incorporada como una herramienta para resolver conflictos y cuidar el vínculo. Y quizás ahí está una de las grandes lecciones: no hace falta esperar a que la relación esté a punto de terminar para empezar a trabajar en ella.

El tema del que todavía nos cuesta hablar: la pornografía

Hubo otro momento de la entrevista que me llamó especialmente la atención: la conversación sobre pornografía y su impacto en las relaciones.

Hasta ahora es un tema que puede dar vergüenza. Quizás precisamente por eso sea necesario hablarlo más y mejor, sin convertirlo en un tabú ni reducirlo a una discusión moral.

Hoy el acceso a contenidos pornográficos es inmediato. Está al alcance de un teléfono, en cualquier momento y prácticamente en cualquier lugar. Y eso plantea preguntas que muchas parejas todavía no saben cómo abordar.

Durante la charla, Laura puso el foco en una cuestión interesante: ya no se trata solamente de preguntarse si una persona consume pornografía, sino también con qué frecuencia lo hace y qué lugar ocupa ese consumo en su vida.

Porque el problema no siempre es simplemente que alguien mire pornografía. También importa qué sucede alrededor de ese consumo: si hay secretos, si desplaza el encuentro con el otro o si instala expectativas que terminan afectando la vida sexual real.

Es un asunto que merece una conversación adulta, sin vergüenza, pero también sin generalizaciones. Ni todas las personas consumen pornografía de la misma manera ni todas las parejas interpretan ese consumo de igual forma.

Lo importante es poder hablar de límites, deseos y necesidades sin que el silencio termine ocupando todo el espacio.

Cambiar de opinión también es evolucionar

Me quedé pensando después de la entrevista: ¿cuántas de nuestras convicciones son realmente inamovibles y cuántas necesitan ser revisadas a medida que vivimos?

Podemos tener ideas progresistas, cuestionar las tradiciones y rechazar los mandatos de otras generaciones. Pero eso no significa que tengamos que reemplazar una regla antigua por otra igualmente rígida.

En materia de pareja, hay preguntas que no tienen una respuesta idéntica para todo el mundo. ¿Se puede perdonar una infidelidad? Sí, algunas personas pueden hacerlo. ¿Hay que hacerlo? No. ¿Una pareja puede reconstruirse después de una traición? A veces. ¿El amor alcanza para sostener una relación? No necesariamente.

Lo que sí parece claro es que ningún vínculo se mantiene sano por el simple hecho de durar. Hace falta confianza, compromiso, deseo de encontrarse y voluntad de trabajar sobre lo que duele.

Entrevistar a Laura Torres no me dio una fórmula para el amor. Me dejó algo más interesante: la posibilidad de revisar nuestras propias certezas.

De eso hablamos en Doble B. Y de eso, probablemente, necesitemos hablar mucho más.

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