19 de Junio de 2006

| EL PLATO DE COMIDA QUE APLACA EL HAMBRE

La caridad alimenta a 650 niños del barrio Chacarita

El comedor Santa María Goretti, de la Chacarita, es para 650 niños, es el hogar donde sus padres adoptivos les proporcionan la alimentación diaria. "Si se usaran los millones de dólares que vienen a sus nombres no habría niños de la calle", dijo Jorge Salomón, uno de los coordinadores.

Cerca del mediodía, el comedor de la Fundación Santa María Goretti es el sitio obligado para los niños de la Chacarita. Allí acuden para recibir un plato de comida. Otros llegan con pequeños recipientes y retiran el alimento para sus madres o hermanitos discapacitados.

Esta es la rutina en el comedor que funciona sobre Mompox casi España.

Pero allí no solamente se provee almuerzo, sino también el desayuno y la merienda, gesto que obliga a sus benefactores y a los responsables como a los coordinadores, padre Nicolás Acosta y Jorge Salomón, a aunar esfuerzos para que no falte el pan de cada día.

La obra se solventa con aportes del Neocatecumenado de San José, el Ministerio de Educación y Cultura, el Banco de Alimento Santa Librada y colaboraciones de personas de buena voluntad. Teresa Chamorro es la encargada de la cocina, quien además recibe la colaboración de otra mujer en la tarea de preparar los alimentos.
"Este tipo de comedor demuestra la situación de pobreza que vive el Paraguay. Santa María Goretti es solo un granito de arena", indicó Salomón. Según una estadística de la Fundación, desde Montevideo y Playa hasta San Felipe y la zona que abarca la parroquia Santa María Goretti hay 11.500 niños que necesitan recibir alimentación.

En la zona funcionan varios comedores, pero tampoco abastecen las necesidades. "Aquí hay niños que quieren comer más, quieren repetir, piden por necesidad y no se abastece. Por eso es urgente encontrar una solución al drama de la pobreza; de lo contrario, se deberá seguir colaborando para que los menores por lo menos crezcan bien alimentados", apuntó.

El comedor comenzó a funcionar el año pasado, un 16 de mayo. Veinte fueron los primeros comensales. La cifra empezó a crecer y ahora asisten también personas mayores, a quienes también se les provee alimentos, de acuerdo a sus necesidades. "Aquí hay familias a las que les damos la comida porque tienen problemas de sida y para evitar el contacto con los niños y que despierten miedo en ellos, optan por retirar la comida y comer en sus casas", resaltó. A los niños que retiran la comida se los ve con una amplia sonrisa.

"Estamos tratando de prestar una asistencia social. Algunas veces las necesidades nos sobrepasan, pero siempre hay una generosidad para salvar la situación", afirmó.

Salomón dijo que la Pastoral Social Arquidiocesana es otra de las entidades que colaboran decididamente para el funcionamiento del comedor. El servicio tiene el permanente seguimiento del párroco Nicolás Acosta, un sacerdote dinámico, que en el barrio en muy respetado por su trato y el servicio hacia los necesitados.

Cuando se le pregunta si los padres delegan la alimentación de sus hijos a la fundación, responde que la necesidad es terrible. Agregó que muchos papás salen para trabajar: recogen botellitas, cartones y al término de la jornada regresan y se encuentran con que solo ganaron cinco o diez mil guaraníes, y esa suma -aunque sea una fortuna para ellos- nunca alcanzará para sostener una familia de cinco o seis hijos. ¿Cómo se puede mantener a una familia con esa suma?, se preguntó.

¿Cuál sería la salida a este drama? Salomón pregunta "¿Puedo ser sincero?", y se explaya: "Me gustaría que toda la plata que viene del extranjero a este país en nombre de los niños de la calle, y que dicen que se está utilizando en ello, se invierta realmente en ellos".

Agregó que si el Gobierno llegara a tomar más conciencia y se quita la venda que no le permite evaluar la magnitud de drama, se dará un gran paso, y con honestidad, se puede aminorar la situación de pobreza.

Salomón dijo que al país llegan muchos millones de dólares en nombre de los niños y va a parar en los bolsillos de algunos, sin embargo no se invierten en los niños. "Si se usara esa plata con honestidad y menos camionetas cuatro por cuatro para recorrer el país, sin hacer un carajo, esa plata permitiría tener más comedores y talleres para que los niños crezcan sanos, tengan un oficio y no estén en las calles recogiendo basura", resaltó.

Indicó que en los talleres se puede enseñar tejido de ao poí, repujar cuero y otros oficios, que permitirán a los niños tener una profesión que les dé el pan de cada día.
Los que quieren colaborar con esta obra pueden hacer llegar sus aportes a la parroquia de la Chacarita o llamar al teléfono 497-321.

avelazquez@abc.com.py
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