La universidad de investigación (I)

No es posible hablar de la universidad del siglo XXI en el Paraguay sin comprender algunos aspectos históricos de la universidad, en general, y de la universidad latinoamericana, en particular.

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Dr. Antonio L. Cubilla   
Representante del MSP y BS ante el Conacyt.

 



Se ha escrito y comentado suficiente de los problemas actuales de las universidades paraguayas. La Universidad Nacional de Asunción es reciente, de fines del siglo XIX, mientras que la universidad latinoamericana se inició en varios países en el siglo XVI (Tunnerman, 1999). Excelentes revisiones históricas de la Educación Superior del Paraguay y de la Universidad Nacional de Asunción se pueden encontrar en los trabajos de los doctores Domingo Rivarola y Herib Caballero Campos (Rivarola D, 2004; Caballero, 2009). Una revisión exhaustiva de la universidad latinoamericana actual y su problemática puede encontrarse en el libro multiautoral reciente del Dr. Domingo Rivarola (La universidad ante los desafíos del siglo XXI, 2010).   

Modelos de universidad

Existen en el mundo numerosos modelos de universidad que se relacionan con la historia o la cultura. La tipología es compleja, pero para simplificar, podríamos clasificar a las universidades de hoy en aquellas que investigan (universidades de investigación) y las que no lo hacen (universidades de docencia). Existen otras que se autodenominan universidad, pero que en realidad son seudouniversidades. Las tradiciones históricas de cada país resultaron en ethos particulares de universidad de docencia o de investigación. Mencionaremos seis modelos principales (sin pretender que estos sean los únicos) que parecieran distintivos.   

La universidad medieval (1100-1750)  

En Notre Dame del París medieval se consolidó el concepto de universidad. Se inició como entidad docente y emergió de los claustros religiosos (Verger). Hay controversia de prelación con la universidad de Bolonia. La universidad de París, de maestros, fue la más famosa y era internacional, porque la mayoría de sus alumnos eran extranjeros. Maestros y alumnos convivían en torno al claustro en una especie de campus universitario. En la universidad de Bolonia, los estudiantes decidieron su fundación y su destino. Contrataban y despedían profesores de acuerdo a la calidad de sus clases magistrales. Este modelo impactó en la revolución de Córdoba (G. del Mazo). La función de la universidad escolástica fue la de repetir y discutir el conocimiento generado en la antigüedad. La centralidad del conocimiento y ejercicios de razonamiento dialécticos intelectuales fueron el componente más crítico e interesante de la docencia. En este modelo original existía la docencia, pero no la investigación. Esta tradición emblemática fue tan fuerte y estable que persiste en muchas universidades, sobre todo en las latinoamericanas y en la paraguaya, en especial. Los complejos rituales, vestimenta y ceremonias, de origen monástico, perduran como residuos ornamentales, aun en las grandes universidades del mundo moderno.   

Modelo humboldtiano, universidad de investigación o la revolución germánica  

Tuvo sus orígenes en  los seminarios de Filología de las universidades de la Halle y Gottingen, hacia 1750 en Alemania. También en el siglo XVIII, se instaló el sistema meritocrático en las universidades jesuitas austriacas, donde la publicación académica era la base para el nombramiento y la promoción de profesores . En 1810, en la universidad de Berlín, con la participación de los hermanos Humboldt, se institucionalizó la primera universidad de investigación, creándose el modelo humboldtiano, que priorizó el avance del conocimiento mediante la investigación científica como principal actividad de la universidad. Allí nació el concepto de la torre de marfil. La investigación era catalizada por la curiosidad y no estaba relacionada con la utilidad (Clark). Se creó una simbiosis entre docencia e investigación, que perdura en las grandes universidades del mundo. Se enseñaba lo que se investigaba. Se crearon formas de enseñar relacionadas con la investigación: seminarios de investigación, conferencias de especialistas sobre temas de investigación, experiencias laboratoriales, estudios monográficos (Stokes, 1997). Este tipo de universidad se propagó en los siglos XIX y XX al norte de Europa y a Norteamérica. Este modelo no impactó hasta hace muy poco en el mundo latino, y nunca llegó al Paraguay.   

El modelo napoleónico  

Casi al mismo tiempo que la revolución germánica, ocurrió en Francia la revolución napoleónica. Esta dividió la actividad intelectual en dos: la universidad de enseñanza, y los institutos de investigación. En la primera, el objetivo era proveer al Estado de funcionarios capaces y a la sociedad de profesionales. Para agrupar a los científicos —denominados ideólogos por Napoleón—, se formaron los institutos, dedicados al estudio y a la investigación (Tunnerman). Perdura este modelo, con algunas modificaciones en el país gálico, donde fue exitoso. Existen conatos de cambio en la actualidad. Este tipo de universidad, de la mano de Andrés Bello, rector de la Universidad de Chile, se propagó a los países latinoamericanos, que injertaron a medias este modelo. Porque acá no se crearon los institutos de investigación, por eso la mayoría de las universidades latinoamericanas son de enseñanza y no de investigación. Este modelo llegó al Paraguay en su componente profesionalista, pero no en el de investigación.   

El modelo norteamericano  o la multiversidad   

Entre 1885 y 1900 las universidades americanas, que funcionaban con el modelo inglés (Newman, Barzun), adoptaron el modelo germánico de universidad, pero a diferencia de este, que priorizaba la investigación pura, le dieron un carácter más utilitario, fomentado la investigación básica y aplicada con igual intensidad. Acá se nota la influencia del modelo francés. De Alemania trasplantaron los famosos seminarios que en Estados Unidos se transformaron en los departamentos disciplinarios. Este cambio generó en el siglo XX una explosión de nuevos conocimientos teóricos y productos útiles. La universidad norteamericana, a diferencia de las europeas, más centradas en el profesor, se volvió más democrática. El trabajo en equipo fue característico, no existía la dictadura del profesor ni el feudo de la cátedra y el acceso estaba permitido a todos los docentes y estudiantes con capacidad intelectual para la universidad. Se crearon innumerables nuevas disciplinas, se estableció una burocracia corporativa gigántica, a lo que Kerr denominó multiversidad (Kerr, 2001).   

El nombramiento y ascenso de profesores fue meritocrático y relacionado con la producción científica. Las universidades europeas, asiáticas y algunas pocas latinoamericanas de vanguardia hoy emulan el modelo de estas universidades de investigación (Bok, 1982; Bok, 1986; Rhodes, 2001; Shapiro, 2005; Karabel, 2005). En evaluaciones internacionales objetivas, 80 % de las mejores 100 universidades del mundo son universidades norteamericanas de investigación (Ranking de Shangái y de la revista Times (2010). Al Paraguay no llegó este modelo de universidad.   

La universidad latinoamericana  

La universidad latinoamericana adoptó el modelo escolástico desde la Colonia. A principios del siglo XIX hubo un primer cambio al imponerse aunque de manera parcial el modelo napoleónico de universidad. Este modelo escolástico-napoleónico de universidad profesionalista se afincó fuertemente en Latinoamérica aunque de manera muy parcial y perdura hasta hoy en la mayoría de sus instituciones universitarias. Fue importante para relacionar, en un continente nuevo, las necesidades de la sociedad con la misión de la universidad enfatizando la formación de profesionales, médicos, abogados, ingenieros y maestros o humanistas. Pero, a diferencia de Francia —donde florecieron los institutos de investigación y este país está en la frontera de la producción académica científica—, estos no fueron incorporados al modelo latinoamericano que de esta manera adquirió características propias de universidad de docencia profesionalista y sin investigación. Por eso es erróneo tipificar a las universidades latinoamericanas y paraguayas como napoleónicas.   

El déficit de la investigación, el autoritarismo y la exclusión de las clases medias emergentes fueron notados por estudiantes rebeldes del movimiento argentino de Córdoba, que lograron, pese a un gran barullo, unos pocos cambios del fuerte modelo escolástico-profesionalista de la universidad latinoamericana. La reforma de Córdoba de 1918 logró introducir a estudiantes en los consejos directivos, reestableció la autonomía originaria del modelo escolástico, pero no pudo modernizar ni democratizar la universidad latinoamericana. Fue una rebelión liberal contra la discriminación social y el ethos escolástico retórico. Deseaba laboratorios de investigación al estilo alemán en las cátedras. Perduró la estructura, pero no la idea básica. Luego de la propagación latinoamericana del movimiento, se magnificó el sentido social y el involucramiento de estudiantes en la política de los partidos desde la universidad. Logró que muchos líderes estudiantiles alcanzaran liderazgos políticos, pero académicamente fue un fracaso. Existen rémoras estructurales de la reforma de Córdoba en las universidades latinoamericanas y paraguayas, que hoy son perjudiciales.   

Universidades  lucrativas  

Como un experimento de negocios se inicia en Phoenix, Arizona, Estados Unidos de América, en la década del 80, el modelo de universidad lucrativa (for profit). Estas son universidades con intento explícito de lucro, donde en lugar de los presupuestos clásicos académicos, aparecen los empresariales o manageriales. Términos del comercio como eficiencia, gestión, acreditación y calidad ahora son de la universidad. El pago a los docentes es por hora de clase, lo que favorece esa institución nacional, que es el profesor taxi. A diferencia de las universidades clásicas, donde los costos provienen del Estado o donaciones, los gastos son sostenidos con las cuotas de los alumnos. En Estados Unidos abarca disciplinas que no requieren de grandes inversiones, en las áreas sobre todo administrativas y humanísticas. En ese país, este modelo abarca menos del 5 % de la matrícula y está destinado a poblaciones educacionalmente marginales. Este modelo es de enseñanza y no de investigación. Notablemente, siendo el menos adecuado de los modelos descritos, se propagó a Latinoamérica y a nuestro país. Es por el abandono del Estado de su responsabilidad educacional adecuada a estos nuevos tiempos. Abarca el 60 % de la matrícula en el Paraguay y crece sin importar la excelencia. En lugar de ocupar este modelo el vacío de calidad determinado por la decrepitud de las universidades publicas, se fundan sin características de excelencia que las diferencien hacia algo mejor. Copiamos lo peor.   

NOTA. Las ideas y opiniones en este escrito son personales y no representan necesariamente la manera de pensar de los demos miembros del Conacyt.

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