Construyendo la ciudad de Asunción: directrices para la relocalización exitosa de población ribereña

Los anuncios de próximas obras de infraestructura urbana en Asunción, especialmente la construcción de las franjas costeras norte y sur exigirán necesariamente reubicar a la población instalada durante décadas y en forma irregular en las zonas bajas de la ciudad.

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La reciente discusión en los medios sobre la experiencia del barrio “Las Colinas” en la zona rural del distrito de Itauguá obliga a repensar los modelos, estrategias y las formas de concreción de los proyectos en curso, sobre todo atendiendo que se estima que en un futuro cercano alrededor de diez mil familias serían reubicadas. Todo proyecto que induce el desplazamiento de una cantidad importante de familias representa una operación delicada, riesgosa y hasta traumática: se trata nada más y nada menos de alterar el ritmo lento de formación de la ciudad, así como su configuración. Además, estas intervenciones se desarrollan en un periodo de tiempo relativamente corto y a menudo representan un proceso cuanto menos traumático de “desterritorialización”.

Por eso, se vuelve imprescindible comprender las pautas de comportamiento, las aspiraciones así como las estrategias de estos actores particulares. Consecuentemente, es necesario desarrollar proyectos flexibles y adaptados, intentando garantizar el éxito de estas maniobras de reubicación. Verdaderamente, el objetivo es comparable con el de un injerto: la nueva porción de ciudad que se construye, con sus nuevos habitantes, no debe ser rechazada por el resto del cuerpo urbano. Las condiciones que asegurarán el éxito de la “cirugía” urbana deben ser objeto de serias reflexiones y deben ser anticipadas e instaladas con antelación.

Sin lugar a dudas, el barrio “Las Colinas” constituye un proyecto innovador en términos de infraestructura: su tecnología led y su cableado subterráneo le valieron incluso la apelación de “barrio ecológico”. Sin embargo, más allá de estas auspiciosas características edilicias, el componente socio-económico no parece haber sido lo suficientemente tenido en cuenta. Al no haberse desarrollado una estrategia de inclusión económica y social de las familias en su nueva ubicación en la compañía rural “Ñu Po’i” de Itauguá, era de esperarse un fallo en el proceso de “reterritorialización”.

Dicho sea de paso, ante esta realidad, el Gobierno afirmó días atrás su intención de considerar muy seriamente el componente de generación de ingresos en los próximos proyectos de desarrollo urbano en los bañados. Así, el objetivo es instalar pequeños parques industriales que generen empleos para los habitantes.

Aunque interesante, esta iniciativa favorable no puede ser sistemática: un pequeño parque industrial por cada proyecto de relocalización. Sin embargo, existen otros mecanismos que activar, como por ejemplo el de acercar la “demanda económica” de los territorios de acogida a la potencial “mano de obra” disponible por parte de los nuevos habitantes.

Al respecto, es sabido que la demanda de servicios de mandos medios es importante y real. Otras acciones, en particular de capacitación y de formación, serán necesarias para “acoplar” oferta y demanda de actividades económicas.

Estigmatizados, los nuevos habitantes de Las Colinas a menudo son rechazados a la hora de buscar empleo. Asimismo, con muy bajos niveles de capacitación, los habitantes de Las Colinas experimentan serias dificultades para acceder a los empleos, por más subcalificados, del alejado centro de Itauguá. La opción de las changas agrícolas en el cañaveral que linda con el barrio Las Colinas se presentó como una oportunidad que la mayoría de los hombres no desaprovecharon. Por otra parte, la estrategia de acceso a servicios y equipamientos públicos debió ser profundizada. A modo de ilustración, los establecimientos educativos, que constituyen vectores esenciales de integración social a largo plazo, no fueron lo suficientemente tenidos en cuenta en el proyecto de Las Colinas: si bien los niños se encuentran a un kilómetro y medio de la primera institución escolar, esta última no fue objeto de adaptaciones y preparaciones suficientes, ni en términos edilicios, ni mucho menos en términos de soporte escolar y educativo.

La necesidad de aunar esfuerzos en el diseño de estrategias para tener éxito en las operaciones de “injertos urbanos” cobra sentido si se toma en cuenta la cantidad de proyectos previstos para resolver el problema social de los bañados así como para poner en valor estos espacios emblemáticos de la ciudad. El diseño de planteamientos adaptados y auspiciosos será crucial para no fracasar. Efectivamente, los proyectos estructurantes que el Gobierno espera desarrollar no prevén reubicaciones en espacios alejados como el sitio de “Las Colinas”, sino que apuntan más bien a intervenir porciones muy próximas a “los centros” de la ciudad. He aquí un desafío de primer orden: ¿cómo hacer coexistir grupos sociales que hasta ahora se mantienen separados por profundas fracturas socio-espaciales, en este caso materializadas por las terrazas aluviales del río Paraguay? Algo es seguro, las adversidades climáticas y las intensas lluvias que vuelven recurrentes los fenómenos de inundación sacan a la luz la necesidad urgente de desarrollar proyectos de intervención urbana: la prudencia debe ser clave para manejar las presiones sociales y políticas. En este caso, el remedio puede ser peor que la enfermedad.

El Gobierno propone numerosas intervenciones urbanas, tales como la del extenso proyecto de la Franja Costera, el fortalecimiento de la Chacarita Alta, el proyecto “Capitán Bozzano” en la punta del bañado norte, en Tacumbú, o la construcción de más de 2.000 viviendas en el sitio denominado RC 4 Zeballos Cue, detrás del Jardín Botánico. En total, serían más de 10.000 viviendas a ser construidas entre los diferentes proyectos planteados. Vale decir que estas intervenciones son colosales. En la mayoría de los casos, se manifiesta la intención de integrar a los habitantes de los bañados a estos emprendimientos.

La “mixidad social” es un objetivo asumido y planteado en todos los proyectos en cuestión: ¿Se habrá tomado la medida suficientemente de la complejidad operativa que exigen estas loables intenciones?

La apuesta de desarrollar proyectos de relocalización a proximidad de los bañados no deja de ser propicia y adecuada. Efectivamente, esta opción tiene la ventaja de no alterar la proximidad con las fuentes primarias de trabajo de los bañadenses: trabajo doméstico, albañilería, frigoríficos, recolección de basura, entre otros.

Sin embargo, es evidente que se trata de un objetivo altamente complicado de alcanzar, y que exige una ingeniería específica en el manejo de proyectos urbanos (y, por ende, sociales, económicos y ambientales).

Las próximas iniciativas de relocalización de población deben ser implementadas en el marco de esquemas territoriales más eficientes que generen un mayor dinamismo económico y requilibrio social en toda el área metropolitana.

Antes de reubicar, conocer profundamente la estructura y dinámica de la población de origen

Es necesario conocer a profundidad a la población que deberá ser reubicada, no solamente la cantidad de familias, sino también la estructura de los hogares, la edad de los miembros, la presencia de niños, jóvenes y adultos mayores. Un censo que genere estos datos y los combine además con análisis sociológicos orientados a identificar los proyectos de vida y las trayectorias de cada familia será de gran utilidad. De igual forma, se debe conocer el esquema de ingresos de las familias, es decir, de sus actividades económicas, así como la formación formal y no formal que disponen. Más allá del número de familias y de metros cuadrados necesarios para las mismas, se precisa conocer cómo funcionan social y económicamente, así como la manera en que se proyectan estos grupos sociales, es decir, sus expectativas y motivaciones. Sólo así se podrá pretender a un diseño acertado de esquemas de integración socio-económica.

Generación de una oferta diversa, adaptada y apropiada al nuevo territorio

Los planes actuales de reubicación en su mayoría son de envergadura, es decir, complejos de departamentos para cientos de familias, con un formato idéntico en términos de diseño arquitectónico, tamaño, utilización y sobre todo ubicación.

La implementación de un buen censo socioeconómico permitirá conocer los diferentes tipos de familias, de empleos y de proyectos familiares. Los resultados servirán entonces para generar una oferta de reubicación adaptada a las condiciones y perspectiva de cada familia. Se deben pensar estrategias alternativas de reubicación, como por ejemplo la construcción de edificios de departamentos de baja de altura y de viviendas no muy numerosas en diferentes ciudades del área metropolitana. La ventaja principal de esta propuesta es una reubicación más adaptada al nuevo espacio, menos llamativa, más aceptable, más integrada a las economías locales.

De este modo, la inserción de familias de manera solapada sería una opción complementaria a considerar. En cualquier caso, se deberá movilizar políticas integrales y auspiciosas en materia de inserción laboral y de acceso a servicios de calidad. Es todo un esfuerzo conjunto el que debe ser convocado, y no solo el de la construcción de “prótesis urbanas”, es decir, de viviendas y de infraestructuras varias. Las instituciones pertinentes podrían brindar una gama de ofertas de reubicación, con tamaños diferenciados en función al tipo de familia, de sus actividades productivas.

Esta propuesta podría ser bastante viable si se identifican al menos dos o tres lotes donde construir un edificio de departamentos en las zonas urbanas de las siguientes ciudades: Mariano Roque Alonso, Limpio, Luque, Capiatá, Itauguá, Itá, Ypané, Villa Elisa, entre otras. Esta estrategia servirá también para lograr la densificación tan deseada y recomendada, pues consumirá los espacios libres que se encuentran disponibles en todas las ciudades. Como ejemplo de esto, conviene recordar que solo Asunción tiene alrededor de 10.000 terrenos baldíos, es decir, disponibles y que limitan la densificación urbana. Si en cada una de las ciudades propuestas se construyeran al menos 5 edificios de departamentos de porte mediano y asimilable por las actuales estructuras urbanas, se lograría la reubicación efectiva y sostenible de alrededor de 1.000 familias integradas apropiadamente a cada una de las economías urbanas. Para evitar los grandes fracasos y las costosas gestiones de problemas derivados de soluciones únicas, las operaciones de bisturí, que requieren de mayores niveles de precisión y adaptación, parecen disminuir los costos y los riesgos de gestión.

Un aspecto de relevancia es la cuestión del esquema de posesión y propiedad. Se podrían pensar sistemas mixtos de alquiler y venta mediante pagos mensuales, con diferentes niveles de subsidio según estructura familiar y actividad económica. Asimismo, se debe pensar también en términos de trayectorias residenciales, que de ninguna manera son homogéneas según las familias: no todas las familias buscan la casa propia.

Dicho sea de paso, el acceso a la propiedad no siempre es un proyecto deseado ni razonable según el momento de vida de las familias: una pareja joven podría empezar alquilando una pequeña vivienda, para luego avanzar en su trayectoria residencial para apuntar a nuevas aspiraciones. Una pregunta elemental sería la siguiente: ¿Una política habitacional y de reubicaciones debe imponer el acceso a la propiedad para todos o agilizar las trayectorias residenciales? Una vez más, los censos y los análisis sociológicos esclarecerán estas interrogantes. Una opción a considerar podría ser la de alquileres subsidiados para familias jóvenes o madres solteras: si se logra la anhelada integración socio-económica de las familias, en el futuro estas podrían quizás apuntar a ser propietarias de un bien inmobiliario.

Sin lugar a dudas, se requiere una gran prudencia. Por eso, se deberían barajar una multitud de opciones, contemplando también la posibilidad de reubicar a aquellas familias que lo desearen en otros espacios del conurbado asunceno (conurbado: núcleos urbanos inicialmente independientes y contiguos por sus márgenes, que al crecer acaban uniéndose en unidad funcional). Evidentemente, esta tarea también será delicada, pero presenta riesgos menores.

Resumen

* Gran necesidad de repensar las estrategias, instrumentos y modalidades de relocalizaciones.

* La vivienda es importante, pero no es el único componente del proceso.

* Considerar características de las familias (estructuras, edades, capacitación, empleo) para diseñar proyectos adaptados.

* Los intersticios urbanos (terrenos baldíos) existentes en ciudades del área metropolitana pueden ser utilizados, al menos en parte, para la relocalización de la población, según su capacidad de asimilación al nuevo espacio.

* Se debe anticipar la integración funcional de los habitantes relocalizados al resto de la ciudad: la integración no es solo social y económica, sino también en términos de movilidad y de desplazamientos. Esto pasa por decisiones acertadas en materia de ubicación y por políticas auspiciosas de transporte y movilidad.

Obligación de repensar

La reciente discusión en los medios sobre la experiencia del barrio “Las Colinas” en la zona rural del distrito de Itauguá obliga a repensar los modelos, estrategias y las formas de concreción de los proyectos en curso, sobre todo atendiendo a que se estima que en un futuro cercano alrededor de diez mil familias deberán ser reubicadas.

Aspiraciones de actores

Se vuelve imprescindible comprender las pautas de comportamiento, las aspiraciones así como las estrategias de estos actores particulares. Consecuentemente, es necesario desarrollar proyectos flexibles y adaptados, intentando garantizar el éxito de estas maniobras de reubicación.

* Todo proyecto que induce el desplazamiento de una cantidad importante de familias representa una operación delicada, riesgosa y hasta traumática: se trata nada más y nada menos de alterar el ritmo lento de formación de la ciudad, así como su configuración.

* Verdaderamente, el objetivo es comparable con el de un injerto: la nueva porción de ciudad que se construye, con sus nuevos habitantes, no debe ser rechazada por el resto del cuerpo urbano. Las condiciones que asegurarán el éxito de la “cirugía” urbana deben ser objeto de serias reflexiones.

* El Gobierno propone numerosas intervenciones urbanas, tales como la del extenso proyecto de la Franja Costera, el fortalecimiento de la Chacarita Alta, el proyecto “Capitán Bozzano” en la punta del Bañado Norte, en Tacumbú, o la construcción de más de 2.000 viviendas en RC 4 Zeballos Cue.

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