Ser cristiano, misionero y valiente

En este domingo seguimos con el privilegio de escuchar el “Discurso del envío misionero”, pues todos los cristianos son enviados por Cristo para construir un mundo mejor que el actual.

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Ser constructor de una sociedad sin hermanos privados de los bienes esenciales para la vida es una tarea que exige mucha audacia.

Jesús nos exhorta: “No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma”. De esa manera, el Señor pone a nuestra consideración dos dimensiones: lo que mata el cuerpo y lo que mata el alma.

Sin duda, hemos de cuidar de nuestro cuerpo, sea en la alimentación, en la práctica de ejercicios y en la prevención de enfermedades; sin embargo, es seguro que más adelante su ciclo biológico termina. Asimismo, hay que atender para no ser seducido por la “idolatría del cuerpo”.

El Maestro llama nuestra atención para “lo que mata el alma”, que es mucho más grave que lo que “mata el cuerpo”.

En sus palabras no existe ningún dualismo, sino un estímulo para usar nuestro cuerpo y alma – toda la persona – para hacer el bien. Hacer el bien es un estilo de vida que exige valentía, ya que las presiones y tentaciones que uno padece son constantes.

Somos presionados a mantener la “industria de la coima”, que es una degradación para uno y otro lado; somos tentados a recrearnos con aventuras extramatrimoniales, lo que infecciona la armonía familiar.

Además, es necesario bravura para no caer en el pesimismo, pues alrededor nuestro vemos varios signos negativos, que desalientan, pero saber que la gracia del Señor es más poderosa.

Es fundamental tener valentía para superarse a sí mismo, para no estancarse en comportamientos desubicados, a veces, manías caprichosas, hasta perversidades.

Debemos comportarnos como cristianos y misioneros valientes para no dejarse aplastar por la sensación de crisis, que suele haber en la sociedad, especialmente con el tema empleo/desempleo, y relación sentimental.

De modo especial, mostrar disponibilidad para estar delante del Señor, pasar largo rato en su compañía y abrir el corazón para sus revelaciones.

Es esta cercanía amorosa con Él que nos hace valientes, e indica los mejores caminos y nos da fortaleza para llevarlos a la práctica.

Cuando somos resueltos para vivir las enseñanzas de Jesús, damos testimonio de que somos cristianos, le reconocemos ante los hombres y Él promete que “nos reconocerá” ante Dios: esta es la gran victoria que podemos esperar.

Seamos valerosos, pues la Buena Nueva es un proyecto de Dios, y Él jamás defrauda a los que lo siguen.

Paz y bien.