Hércules y la cabeza de González Daher

En un país en el que la impunidad para los políticos ladrones es una marca registrada, la sentencia aplicada al hasta hace poco arrogante y todopoderoso cacique colorado Oscar González Daher es un pequeño triunfo.

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Sin embargo, no hay que desmontar los aparejos de combate. La corrupción vernácula es hasta ahora como la mítica Hidra de Lerna: por cada cabeza que le cortes, le crecen dos.

Por lo demás, el mismo González Daher no se rendirá tan fácilmente. Después del golpe de escuchar su sentencia, existe ya un operativo en marcha para la apelación en varias instancias que lleve el cumplimiento de la condena a una postergación ad aeternum. El sistema judicial paraguayo seguirá siendo puesto a prueba respecto a esta persona y la ejecución de su condena de primera instancia.

Porque hay que entender muy bien algo: que el juicio haya llegado a esta etapa y a esta sentencia se debe a la labor investigativa de la prensa, a la presión ciudadana y, en esta última parte, a la notoria influencia de Washington que tiró varios mensajes políticos en los meses recientes con la donación de vacunas y la presencia física en una de las sesiones del juicio a González Daher del asesor legal residente del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, Brian Skaret.

Sin este cúmulo de tensiones sostenidas, muy difícilmente nuestro sistema judicial hubiese obrado per se ante las tan obscenas demostraciones de inmoralidad e indecencia que dejaba a su paso el usurero devastador de familias, el “legislador” al servicio propio y en su momento “de gloria” nada menos que presidente del organismo institucional que juzga la labor de los magistrados.

Con González Daher la moral había tocado fondo en el Paraguay. Varias instituciones se pusieron al servicio de su faena de usurero, para que pudiera extorsionar impunemente a sus víctimas valiéndose del aparato judicial sometido a su poder político. Así acumuló una inmensa y sórdida fortuna y contribuyó también con el oficio depredador de su hermano Ramón, otro zar de la usura imputado hoy por sus estafas.

¿Será este caso el que inicie un cambio evolutivo en la justicia paraguaya? No lo sabemos aún. Quedan varios personajes con los que el sistema contemporiza sospechosamente: Zacarías Irún, Friedmann, Cuevas, el “significativamente corrupto” Ulises Quintana hoy nada menos que candidato a intendente de Ciudad del Este; Tomás Rivas, el liberal Enzo Cardozo y otros tantos. Todos cabezas de la Hidra venenosa de la corrupción.

Para vencer a esta podredumbre que se multiplica, la justicia deberá conquistar su independencia de los mafiosos y adquirir la fuerza de Heracles (Hércules en la mitología romana) para cortar todas las cabezas de la Hidra en fiera lucha. Y además deberá contar con el auxilio de Yolao (la ciudadanía) para quemar todos los cuellos de la bestia y evitar así que las cabezas cercenadas se reproduzcan. Amén.

nerifarina@gmail.com

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