17 de Abril de 2018 10:05

 

El show político debe continuar

Por Ilde Silvero

El Nº 2 anima la fiesta, “La Cachorra” canta, Camilo ofrece coquitos, Víctor baila con la niñera, Mili recoge chismes, HC vende cigarrillos mágicos, Efraín corta facturas de ANDE y Marito cuenta chistes sobre su papi. El show brilla en su esplendor.

Es el bailongo de las futuras autoridades nacionales. Mario Ferreiro y Rubén Rodríguez, montados sobre un dron, solo miran, pues quedaron afuera. Hugo Javier, el Nº 2, ahora ya es el Nº 1 en su lista, mete ánimo a la concurrencia con “arriba las palmas”; Nadia “La Cachorra” mueve las caderas y levanta la voz pidiendo “hasta abajo, papi, hasta abajo”.

En la entrada, HC ofrece sus cigarrillos mágicos que se venden en Paraguay pero se fuman en Colombia y México; a su lado, Camilo publicita sus galletones de oro que nadie compra porque son carísimos; en la cantina, Mili entrevista a la Fonseca para preguntarle cómo fue su primera vez y cuál fue su última vez.

En medio de la pista, Víctor B. participa en una competencia de baile con la niñera y con el mecánico de oro. Entre la gente, se desplaza Perla buscando quién le dé el sexto cargo público para su hija Perlita, mientras mira desconfiada a las damas y dice: “koa ko puta cheichaguante avei”.

Se prenden todas las luces, del cielo caen confetis: Ayesa desfila luciendo la colección edad otoñal de tangas para invierno y detrás de ella, un quinielero sortea la mitad de su hipotético sueldo entre quienes se inscriban como sus seguidores en Facebook.

Detrás del telón, Fernando mira al cielo y se queja: “Señor, si me hubieras hecho cardenal, no tendría tantas hijos descarriados”. En un rincón, Efraín, con casco y uniforme de la ANDE, calcula, dobla y rompe en cuatro pedazos las facturas para reducir el precio de la luz.

De pronto, toma el micrófono Katya y lanza una interminable perorata hasta que alguien le corta el chorro. Es Marito, que sufre un ataque de risa incontenible al recordar la gran cantidad de chistes sobre el Mario Abdo Benítez que fuera bufón del dictador.

Alejada del mundanal ruido, Desirée explica a su chuli Rafa un manual técnico sobre cómo no pagar por helicópteros que no vuelan. Cerquita de ella, Carlitos F. escribe su vigésimo proyecto de ley sobre la educación sexual de los bebés en el seno materno.

Fumando un pucho tras otro, Calé trata de entender a Adolfo, quien explica que habló con OGD sobre el juicio al contralor, pero que no le pidió nada, sino todo lo contrario y que, por tanto, él no es él... Cuando escucha que lo nombran, OGD ofrece al mejor postor nuevos audios sobre sus brillantes operaciones cuando era presidente del JEM.

Tambaleando y un poco mareado, llega tarde El Padrino Melamed, con un porro de marihuana y un par de botellitas de birra, pregunta al guardia: “¿Aquí es el concurso Bailando por un sueño?”; ahí nomás se topeta con Tony y Tito, quienes procuran montar el sketch “A los huevos” pero nadie les da pelota.

Frente a la puerta del local, Oviedo Matto tiene en marcha dos camiones para llevar otros 50 mil millones de guaraníes en efectivo como los que retiró del BNF por negocios con el Estado.

Por su parte, Payo pelea con el pesoca de la entrada, quien no le permite meter un sanitario disal y, ante la negativa, advierte: “Bueno, entonces véanse ustedes cuando yo tenga que hacer mis necesidades”. Víctor, el de las 7 cajas, quiere ingresar de sorpresa, pero una diputada amiga le grita: “Corré, Víctor, corré, que aquí te robarán todo”.

También llega al recinto Lilian Soto, en posición 69, portando una pancarta que dice: “Kuña pyrenda al poder; somos superiores pues nosotras parimos a todos los hombres”.

En las afueras, escondido tras el carrito del panchero, el bigotudo Ortiz luce un collar con diez celulares, con los cuales da órdenes a la Policía Caminera, a los Linces, a la comandancia de la Policía, al Ministerio del Interior, al jefe castrense de la FTC y responde cuando un celular alerta: “Houston, tenemos un problema”.

Sentado en su sala, rodeado de su señora y sus hijos, Santi ve por tele el espectáculo y se consuela: “Menos mal que no estoy ahí; ¿qué dirían mis fellows de Harvard si me vieran en semejante circo?”

Esta serie de Netflix continuará en cualquier momento.

ilde@abc.com.py

 
 

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