Nepal, tras la revuelta de la Generación Z: ¿cambio efímero o duradero?

Bangkok, 20 jun (EFE).- En Nepal, las transiciones políticas no son rarezas. Desde 1991, el país himalayo ha atravesado una guerra civil, la abolición de la monarquía y una sucesión interminable de coaliciones frágiles. Sin embargo, la última –nacida del hartazgo de la Generación Z y que llevó al poder al rapero Balendra 'Balen' Shah– tiene una textura diferente.

"Esta transición es mucho más distinta y mucho más complicada que todas las anteriores que hemos tenido durante los últimos 35 años", afirma a EFE Kapil Man Shrestha, catedrático, observador electoral y ex embajador de Nepal en Sudáfrica.

El resultado de las elecciones del 5 de marzo, celebradas después de masivas protestas el pasado septiembre, lideradas en gran parte por jóvenes, reflejó la magnitud del desapego hacia la clase gobernante tradicional.

El Partido Nacional Independiente (Rastriya Swatantra Party, RSP), fundado en 2022 y liderado ahora por Balendra Shah, arrasó en los comicios con cerca del 46 % de los votos, lo que se tradujo en casi dos tercios de los escaños de la cámara baja, algo que no se lograba desde la victoria del Congreso Nepalí en 1959.

El campo, golpeado por el cambio climático, produce cada vez menos. La frustración, dice Shrestha, llevaba años incubándose.

El detonante llegó cuando los hasta entonces rivales Partido Comunista de Nepal (UML) y el Congreso Nepalí -formaciones dominantes en las pasadas décadas- crearon una coalición en 2024, en una nueva expresión de la vieja política de pactos entre formaciones tradicionales, e impusieron en septiembre del pasado año una medida que rebasó la paciencia colectiva: la prohibición de las redes sociales.

La iniciativa fue percibida como la última afrenta de una clase política acostumbrada a la impunidad. Las redes sociales eran uno de los principales espacios de expresión política y del malestar juvenil. Cuando desaparecieron, miles salieron a la calle.

El movimiento, en un año en el que la Generación Z protagonizó protestas en muchos otros lugares, entre ellos Perú, Indonesia y Marruecos, acabó propiciando el cambio en Nepal.

Shrestha, quien cree que fue más "una expresión de ira" de los jóvenes que un movimiento con una visión específica, considera que detrás del mismo pueden haber confluido intereses muy distintos: nostálgicos de la monarquía – derrocada en 2008 -, sectores disidentes de los partidos tradicionales, y quizás  –aunque admite no tener pruebas – fuerzas externas que vieron una oportunidad.

Sarbadev Prasad Ojha, ex ministro de la Mujer, la Infancia y el Bienestar Social y exdiputado por el partido Madeshi, formación minoritaria que estuvo en la coalición gubernamental de 2011, no descarta que el cambio de liderazgo fuera necesario, pero no es optimista sobre el futuro del nuevo Ejecutivo.

El político anticipa un bloqueo parlamentario en un plazo de seis meses a un año al recordar que el RSP no controla la Cámara alta, lo que hace casi imposible reformar una Constitución que, según dice a EFE, bloquea el pretendido cambio estructural.

Sin embargo, el activista de derechos humanos Badri Prasad Siwakoti ve en el movimiento algo más duradero. Para él, la Generación Z nepalí ha establecido un principio nuevo: "la política no es sólo asunto de los líderes", señala a EFE.

Las plataformas digitales, como Facebook, TikTok o YouTube, se convirtieron en fuerza política real -solo estuvieron bloqueadas unos días, hasta que el Gobierno de K.P. Sharma Oli cayó el 9 de septiembre-, impulsando un periodismo ciudadano que las instituciones no habían visto antes en Nepal.

Pero Siwakoti también advierte sobre los riesgos: la desinformación, la polarización algorítmica y, sobre todo, la ausencia de un liderazgo alternativo consolidado. Transformar la protesta en reforma institucional es, según él, el gran reto.

Shah, el nuevo primer ministro, está al frente de esa prueba crucial. Surgido del rap y de la gestión municipal de Katmandú, es el primer dirigente madhesi, una comunidad históricamente marginada del sur de Nepal, en ocupar el cargo ejecutivo más alto del país y, a sus 36 años, también el más joven en lograrlo hasta la fecha.

El mandatario lidera una agenda de 100 puntos para las reformas que incluye abordar la corrupción endémica del país, alentar la inversión extranjera e impulsar la modernización y reestructuración estatal.

"Habrá más inestabilidad en el futuro", advierte Ojha, quien cree, incluso, que el Ejército "podría intentar reinstaurar al rey".

Si las instituciones del país sabrán encauzar las demandas de cambio o si el ciclo de decepción volverá a repetirse, es todavía una incógnita a la que el nuevo Gobierno de Nepal deberá responder. EFE

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