Con las orejas levantadas y mirada vigilante, Durero (1471-1528) convierte a esa 'Liebre joven' en un prodigio del realismo, con cada pelo de su pelaje castaño trazado con una precisión admirable.
El pequeño animal recreado en acuarela sobre papel y que parece cobrar vida pese a tener más de cinco siglos de antigüedad, rara vez abandona el depósito del museo debido a su fragilidad, lo que convierte cada aparición pública en un acontecimiento.
"Es una obra de arte muy especial, es nuestra Mona Lisa y, de hecho, es incluso tan antigua como la Mona Lisa de Leonardo", explica a EFE el director del Albertina, Ralph Gleis, quien destaca que, pese a sus más de 524 años, la obra se ha conservado muy bien.
"Es muy frágil, hay que mantenerla en unas buenas condiciones de temperatura y humedad y, por supuesto, hay que evitar exponerla a la luz solar. La luz ultravioleta es muy perjudicial para este tipo de obras", agrega.
"Por ese motivo, ahora se muestra por décima vez desde que forma parte de la colección del museo, es decir, desde 1796. Es una ocasión poco frecuente para verla en su aspecto original", subraya.
La obra sirve como punto de partida de la gran exposición 'Coleccionando para el futuro', que se puede visitar hasta el 11 de octubre, con la que el museo celebra su 250 aniversario de existencia revisando la historia de su extraordinaria colección.
A partir de esta obra legendaria, el Albertina construye un recorrido que atraviesa siglos de historia del arte, con piezas de Miguel Ángel, Pieter Bruegel el Viejo, El Bosco, Rubens, Caspar David Friedrich y Egon Schiele, entre muchos otros.
La exposición no solo reúne grandes nombres, sino que también explica cómo se formó una de las colecciones de dibujo y grabado más importantes del mundo, que cuenta con más de 1,2 millones de obras.
El museo aprovecha además el aniversario para revisar su propia historia. Aunque se ha atribuido la creación de la colección al duque Alberto de Sajonia-Teschen, la muestra reivindica el papel decisivo de su esposa, la archiduquesa María Cristina.
Su implicación y amor por el arte resultó fundamental para sentar las bases de un proyecto ilustrado concebido no como un tesoro privado, sino como una colección destinada a "educar y deleitar" al público.
Según Gleis, el nombre de la exposición, 'Coleccionando para el futuro', homenajea esa visión de futuro que tuvo la pareja, además de la idea de que su colección no fuera privada sino accesible al gran público.
En 1776, el matrimonio recibió un primer gran conjunto de 10.000 grabados, origen de una colección que crecería mediante adquisiciones e intercambios, y a la que se fueron sumando otras obras maestras como el 'Rinoceronte', también de Durero.
La exposición muestra además cómo la colección pasó de ser un gabinete privado a un museo abierto al público en 1899 y cómo, después de la desintegración de Austria-Hungría al término de la Primera Guerra Mundial, fue nacionalizada en 1919.
La visión de futuro de los fundadores se refleja también en la presencia del arte contemporáneo en la exposición, como la instalación audiovisual de la artista italiana Rosa Barba, que conecta la colección con nuevas formas de creación y mantiene un diálogo con el presente.
Gleis subraya a EFE que otro de los grandes objetivos actuales del Albertina es recuperar y dar visibilidad al papel de las mujeres artistas presentes en sus fondos.
La identidad del museo, según explica el director, suele estar vinculada a figuras masculinas como Durero, Miguel Ángel, Rafael, Rubens, Rembrandt, Gustav Klimt o Schiele.
"Y todo el mundo se preguntaba, en una colección tan grande, ¿no hay artistas femeninas?", señala el director.
Una investigación impulsada por la propia galería reveló que existen "miles de obras" en sus fondos realizadas por mujeres, aunque muchas de ellas han permanecido en el anonimato o siguen sin ser reconocidas.
Con motivo del aniversario del Albertina, el museo inaugurará el 30 de octubre por primera vez una gran exposición dedicada a las obras de mujeres presentes en su colección, con obras que abarcan desde el siglo XVI hasta comienzos de la década de 1960.
La muestra pone de relieve que no solo las creadoras contemporáneas forman parte de la historia artística del museo, sino también numerosas autoras que contribuyeron a construir su colección clásica y que habían quedado relegadas.
"Es un paso adelante para conocer mejor la colección y a las artistas femeninas del Albertina", concluye Gleis.