La cinta, que hasta mediados de septiembre había recaudado unos 327 millones de dólares desde su estreno el 11 de agosto situándose en el 'top 3' de películas del año, ha alcanzado ya las salas de Nueva Zelanda, Malasia, Australia o Japón.
Tras esos lanzamientos, los medios locales indicaron que la película continuará su recorrido hacia las pantallas de Estados Unidos, donde se estrenará en octubre, y de Europa, donde aún no hay fecha confirmada.
Wen ('Dying to Survive') sitúa la trama en un conflicto sin nombrar de Oriente Medio, a través del cual repasa distintas atrocidades bélicas —bombardeos, coches bomba, niños utilizados como armas o cárceles militares— desde la perspectiva del chef Xu Fu, interpretado por el cómico chino Shen Teng.
Xu viaja en 2002 a la ciudad ficticia de Bahata para saldar deudas regentando un restaurante que, cuando estalla el conflicto, se convierte en refugio para huérfanos.
Tras el ataque y la posterior entrada de militares estadounidenses en el país, Xu, acompañado de Ma Junsheng y el huérfano Sayf, verá todas las caras del conflicto, desde el cautiverio en una prisión militar estadounidense hasta el reclutamiento infantil por parte de grupos extremistas.
Pese a no mencionarlo de forma directa, espectadores y críticos han señalado el parecido de su contexto con la guerra de Irak (2003), por coincidencias como estar ambientada en la década de los 2000 y mostrar la invasión de tropas estadounidenses en un país de Oriente Medio después de los atentados del 11S.
La película, cuyo título original en chino se traduciría como ‘Bienvenidos al restaurante Dragón’ fue rodada principalmente en China, aunque con algunas pequeñas escenas en Egipto, con un reparto que combina ambas nacionalidades y diálogos en chino, árabe e inglés.
Wen, en una presentación a medios del filme, definió su obra como una "película de catástrofe" en la que no importa quién gana o quién pierde, sino únicamente el contraste entre la guerra y la paz.
"Creo que la guerra es una catástrofe para cada persona común que se ve arrastrada por la fuerza a ella", afirmó el director, quien subrayó que la película no distingue bandos: civiles bombardeados, soldados muertos en atentados suicidas o viviendas de cargos locales atacadas conviven, sin importar en qué lado del conflicto se encuentren.
La comida también ocupa un lugar central en todo el largometraje: allá donde llega, el chef prepara platos y alimenta a ambos bandos.
"Comer bien equivale, en el fondo, a todo: seguir amándose, seguir entrenando, seguir vivos", señaló Wen, que lo presenta como un contraste simbólico entre un acto que te da energía y la guerra, que te la arrebata.
La cuenta Yuyuan Tantian, en la red social Weibo —un canal que el medio estatal emplea habitualmente para fijar la postura de Pekín—, afirmó tras el estreno que la película "demuestra que China ya no se limita a ser narrada, sino que empieza a construir su propio relato".
Sobre su estreno en países occidentales, el director asegura que no sabe cuál será su acogida —dado que la cinta incluye una representación del Ejército estadounidense que podría generar controversia— pero defiende que su principio creativo ha sido "mantener una perspectiva objetiva", tratando a los personajes de cada nacionalidad como personas corrientes.
También indicó que espera que la cinta sirva para abrir debate sobre cuestiones como los efectos de la guerra en la infancia, una parte de la sociedad que, según la ONU, sufrió 38.558 violaciones graves en 2025, año en el que los asesinatos y mutilaciones de menores en conflictos armados aumentaron un 34 %.