Sandra Ovelar, etóloga canina, explica que los animales no poseen el mismo nivel de conciencia de los humanos, y sí se basan en lenguajes rituados aprendidos. “Los animales ven asociación de situaciones, por decir, observa mi voz, la posición de mi cuerpo y por ello la mascota sabe si estamos felices, enojados o tristes, porque ya vivió algo similar en situaciones anteriores”.
-¿Cómo elegimos un buen animal de compañía?
-A veces cuando la persona va a conocer a su nueva mascota a un lugar, sea una casa o un criadero, veterinaria, etc., se ve qué tipo de cachorros son más tranquilos y cuáles más inquietos. Pero esto no necesariamente nos dice cómo va a ser su temperamento de adulto, eso puede variar al cambiar de ambiente. Si no te gusta acariciar o mimar a un gato que es demandante en caricias y cariño, no es recomendable tener un gato muy mimoso, porque el hecho de que lo rechaces cuando él pida caricias no fortalecerá el vínculo.
-Tras una pérdida, ¿cuándo es el mejor momento para tener otra mascota?
-Eso lo determina cada persona en su propio proceso de duelo, de su sanación interior. No se puede decir que no se deba tener inmediatamente ni que se deba esperar tanto tiempo. A veces esperamos años, no lo sabemos, las mascotas llegan cuando tienen que llegar. También es válido, para superar la pérdida retomar algo que nos guste, en mi caso -hace poco tuve que aplicar eutanasia a mi perrita de 14 años- me dedico a las plantas; cambié un ser vivo por otro, dice mi terapeuta.
-Estamos en fechas especiales, sensibles, ¿es buena idea regalar mascotas?
-Debería conocerse muy bien a la persona; algunos que las perdieron hace poco, quizás ya no quieran otra y hay que respetar su sentimiento y decisión. Pero también están quiénes sí y una mascota les hará renacer del dolor.
Efecto terapéutico
“Tener una mascota es algo tan natural como antiguo para el ser humano. No en vano se ha permitido que los animales aporten sus efectos benéficos en el ámbito terapéutico, empezando por su capacidad de amar a las personas sin idealizarlas”, dice la psicóloga Gabriela Casco.
-Nos desequilibramos emocionalmente al perder una mascota y otra gente a veces no lo comprende.
-La pérdida de una mascota puede ser tan dolorosa como la de un ser humano querido. Lastimosamente, en nuestra cultura no está normalizado el luto por la muerte de un animal, incluso se subestima.
-¿Es válido reemplazar a nuestra mascota que partió por otra?
-El tiempo de luto que tendrá cada persona por la pérdida de su mascota es muy particular. Lo cierto es que no es recomendable reemplazar una mascota por otra, aunque sea de la misma raza y color porque se puede caer en la frustración. Claro que hay excepciones, ya que, al tener una relación similar con la nueva mascota, se siente lo mismo que con la anterior. Pero no hay que negar la individualidad de cada una, ni que su esperanza de vida es más corta que la nuestra. Seamos conscientes de esto e incluso hablemos con los niños de esta triste eventualidad, porque eso los prepara.
-Danos unos pasos para ordenarnos internamente...
-Agradecer por el tiempo que hemos compartido con ella, saber que uno hizo lo que pudo si el animal atravesó una enfermedad. Saber que lo tratamos como a un familiar, que hemos crecido emocionalmente con él. A veces hacer un pequeño ritual en familia allí donde se decidió enterrarla, ayuda a tramitar el duelo. Comprender y aceptar el dolor sin complejos, ya que en esa mascota hay parte de nuestra identidad, identificación y proyección del afecto. Permitirnos dar paso al dolor como forma de expresar el amor incondicional a seres tan nobles como los animales. Esta conciencia nos permite comprender la paradoja del amor, que amar siempre conlleva un grado de sufrimiento por la pérdida física, pero quedan los recuerdos en la memoria y el corazón.
Mica, una historia real
Mica es una gatita que llegó a una familia para heredar el amor de una antecesora, y para evitar que Florencia, su mamá humana, cayera en una profunda tristeza.
Mica murió en enero de este año, pero, por milagro de la vida, otra Mica llegó a ocupar su sitio. Elizabeth Aguilera Barrios nos cuenta la historia: “Mica llegó un día de la nada, la habían abandonado, nunca tuvimos gatos en mi casa. Mi mamá, Florencia (60), la vio en la calle, pero no le hizo caso, la gatita entonces se alejó a llorar a un baldío. Ese gesto conmovió a mi mamá, y así, por primera vez, adoptó una gatita y se enamoró de ella perdidamente”.
Transcurrieron seis meses llenos de momentos felices, fotos, videos, risas, mimos, hasta que llegó el momento de castrarla.
La operación salió bien, sin embargo, Mica estaba extraña, ya no jugaba, jadeaba, le costaba respirar. La gata llegó a internarse, pero lamentablemente no resistió y murió de un paro cardíaco.
“Fue la peor noticia, quedamos destrozados. Mi mamá entristeció lo indecible, su primer amor de gatita ya no estaba. Me preocupé y se me ocurrió que lo mejor era buscar otra Mica. No perdía con intentar. Busqué en muchas páginas hasta que di con una camada donde había un gatito idéntico. Llamé y la señora me dijo que ese cachorrito era hembra y nadie todavía la había llevado. Pero después de los primeros mensajes no me contestó más”.
Elizabeth no se dio por vencida y logró convencer a su mamá para ir a buscar a la gata con el único dato que tenía, “solo sabía que estaba a media cuadra de 4 Mojones”. Juntas recorrieron las calles cercanas y, guiadas por las corazonadas, hallaron la casa donde estaban los pequeños en adopción.
“Regresamos con la gatita, estaba muy asustada, se escondió inmediatamente debajo de la cama. Mi mamá no lograba quererla todavía, no era su Mica. La vi llorando en el patio, en el lugar donde estaba enterrada su gata, le pidió que la ayudara a querer a la nueva gatita tanto como la quiso a ella”. Y por obra de la naturaleza, así fue, la segunda Mica se ganó en pocos días el amor y la atención de Florencia.
“Yo no creía en la reencarnación, pero Mica se comporta exactamente igual a Mica, las mismas travesuras, el mismo temperamento. Hoy la cuidamos todo el tiempo, es una gatita feliz y nosotros ni qué decir. Creo que las historias de nuestras mascotas nos enseñan mucho de la vida”, finaliza Elizabeth.