Hay variables que una empresa puede calcular al decidir: costos, impuestos, energía, logística, acceso a mercados y condiciones de financiamiento. Hay otras que no aparecen con claridad en una planilla, pero influyen sobre las anteriores. La previsibilidad institucional pertenece a esa segunda categoría.
En el análisis de un proyecto, el empresario necesita saber no solo cuánto cuesta operar hoy, sino bajo qué condiciones podrá hacerlo mañana. Cuanto mayor es el horizonte de la inversión, más relevante se vuelve anticipar cómo funcionarán las instituciones, cómo serán aplicadas las reglas y qué procedimientos deberán seguirse.
Desde mi experiencia acompañando proyectos en Paraguay, considero que esta dimensión merece ser observada desde una perspectiva económica. No como una discusión jurídica, sino como una variable que puede afectar la percepción de riesgo de una operación.
Una empresa puede aceptar determinados niveles de riesgo comercial porque forman parte de cualquier negocio. Puede asumir cambios en la demanda o aumentos de costos. Lo que resulta mucho más difícil de incorporar a un modelo financiero es la incertidumbre sobre cómo será interpretada o aplicada una regla que afecta al proyecto.
Ahí aparece una diferencia fundamental entre riesgo e imprevisibilidad.
El riesgo puede ser estimado, incorporado a un escenario y compensado. También puede ser gestionado mediante herramientas financieras. La imprevisibilidad, en cambio, dificulta la construcción de ese escenario. Cuando una variable no puede anticiparse, deja de ser solamente un riesgo adicional y afecta la calidad del cálculo económico.
Cuando el entorno institucional resulta menos previsible, el capital puede exigir mayores márgenes de seguridad, incorporar mecanismos de protección o postergar decisiones hasta disponer de mayor claridad. En proyectos de gran escala, esa diferencia puede modificar la estructura financiera.
El sistema financiero permite observar esta relación con claridad. El Banco Central del Paraguay (BCP) tiene responsabilidades esenciales en materia monetaria y de supervisión financiera. La confianza en estas funciones depende de su capacidad técnica y de que sus decisiones se desarrollen dentro de competencias definidas, procedimientos conocidos y criterios consistentes.
Pero existe aquí un equilibrio que no debería perderse de vista. Controlar una institución no significa sustituirla; otorgarle autonomía tampoco significa dejarla sin control. La transparencia, la rendición de cuentas y la fiscalización son necesarias, pero las autoridades técnicas necesitan espacio para ejercer sus competencias sin quedar condicionadas por presiones circunstanciales.
Cuando ese equilibrio funciona, una controversia institucional puede ser procesada sin convertirse necesariamente en incertidumbre económica. El mercado puede no coincidir con una decisión, pero necesita entender quién tenía competencia para tomarla, bajo qué reglas lo hizo y cuáles son los mecanismos disponibles para cuestionarla o revisarla.
El país ha avanzado en la construcción de condiciones económicas capaces de despertar interés empresarial. Ahora también necesita que la calidad de sus instituciones acompañe ese proceso, a medida que aumentan las inversiones.
La competitividad, entonces, no depende únicamente de cuánto cuesta producir en Paraguay. Depende de cuánto puede anticipar una empresa sobre el entorno en el que deberá hacerlo.
Puede influir sobre la percepción de riesgo, el costo del financiamiento y la forma en que una empresa estructura sus decisiones.
Por eso considero que la previsibilidad institucional debe comenzar a ser entendida como un activo económico y una condición relevante para atraer capital. No sustituye a la energía, la infraestructura, los costos competitivos o la estabilidad macroeconómica. Los complementa.
Un país no necesita eliminar todos los riesgos para generar confianza. Necesita conseguir que una parte cada vez mayor de esos riesgos pueda ser comprendida, evaluada y gestionada.
La previsibilidad institucional no elimina el riesgo. Lo convierte en una variable que el mercado puede calcular.
Y esa capacidad de hacer calculable la incertidumbre puede terminar siendo uno de los atributos menos visibles, pero más relevantes de la competitividad económica de Paraguay.
*Economista | Desarrollador de Negocios.