Hoy se ha convertido en una señal de alerta ambiental que no debería pasar inadvertida para nadie, mucho menos para las autoridades responsables de proteger nuestros recursos naturales.
La advertencia del ingeniero Jorge Ocampos no es menor. La acumulación de camalotes, el estancamiento del agua, la falta de oxígeno y la aparición de peces muertos muestran que algo está ocurriendo debajo de esa superficie cubierta de vegetación.
Cuando un arroyo pierde la capacidad de mantener con vida a sus peces, ranas y otros seres vivos acuáticos, estamos frente a un problema que trasciende lo ambiental: afecta directamente la calidad de vida de quienes viven a su alrededor.
Durante años se habló de las consecuencias que podría generar la alteración de la circulación natural del agua. Hoy esas advertencias parecen hacerse realidad. La eutrofización no aparece de un día para otro; es un proceso que avanza silenciosamente hasta que sus efectos se vuelven visibles. Y en el Ñeembucú ya son demasiado visibles.
Pilar no puede acostumbrarse a convivir con un arroyo convertido en un gran reservorio de agua estancada, cubierto de camalotes y residuos, donde la mortandad de peces termine siendo vista como algo normal.
Tampoco puede permitirse que el cauce se convierta en un potencial criadero de mosquitos.
Lo más preocupante, quizás, no sea solamente el estado actual del arroyo, sino la ausencia de una respuesta contundente.
Las autoridades ambientales, municipales y las instituciones vinculadas al manejo de los recursos hídricos tienen la obligación de intervenir, estudiar las causas y plantear soluciones antes de que el deterioro sea irreversible.
Parte del arroyo Ñeembucú pertenece a Pilar y forma parte de su identidad. Recuperarlo no debería ser una promesa ni una reacción ante una emergencia: debería ser una prioridad.
Tampoco se debe olvidar que alterar su curso o su área de amortiguamiento, tarde o temprano, pasa factura, sobre todo luego de los periodos de lluvia, porque el caudal debe seguir su rumbo, caso contrario inunda todo su entorno.
Si hoy el arroyo nos está mostrando que se está quedando sin vida, sería imperdonable esperar a que muera por completo para comenzar a actuar.
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