Del “planking” a “farmear aura”: la evolución de las modas adolescentes y por qué surgen en cada generación

Imagen de la película "¿Dónde están las rubias'", una comedia popular por su batalla de baile. Hoy la toman de referencia con el furor de "farmear aura".

Desde las tribus urbanas de los 2000 hasta la jerga algorítmica de TikTok, las tendencias juveniles mutan de formato pero responden a una misma necesidad humana: pertenencia, expresión y respuesta a la sobreestimulación digital. En esta nota recordamos algunas de estas tendencias y su significado.

En 2011, tumbarse boca abajo y rígido como una tabla de madera sobre un banco público o el capó de un auto era el pináculo del humor en internet: había nacido el planking. Más de una década después, los adolescentes hablan de “farmear aura”, “rizz” o del enigmático “six seven”, códigos incomprensibles para cualquier adulto desprevenido.

Aunque las formas cambian al ritmo de la tecnología, el fenómeno de fondo permanece intacto. Las modas adolescentes no surgen por azar: son el termómetro cultural de cada época, impulsadas por la búsqueda de identidad, la necesidad de crear un lenguaje propio y, cada vez más, por la sobreestimulación de los entornos digitales.

La era de las tribus urbanas y los primeros virales (2000 – 2015)

Antes de que los algoritmos dictaran el consumo minuto a minuto, las modas juveniles tenían un anclaje predominantemente físico o dependían de plataformas tempranas:

  • Emos y Floggers (mediados de los 2000): La primera gran fusión entre calle y red social (Fotolog). Los peinados con flequillo al costado, la ropa oscura o flúor y la música no eran solo una estética, sino un refugio de pertenencia e identidad frente al mundo adulto.
Retrato en primer plano de una joven con estética emo, caracterizada por un flequillo largo y oscuro que cubre parte de su rostro.
  • El auge del parkour: La apropiación del espacio urbano a través de saltos y acrobacias llevó la búsqueda de adrenalina y autoexpresión a las calles y a los primeros videos de YouTube.
El personaje Michael Scott (Steve Carell) grita «¡Parkour!» en una escena de la serie The Office, parodiando la moda viral de acrobacias urbanas.
  • Planking y Harlem Shake (2011–2013): Fueron los precursores de los desafíos virales masivos. Ya no se trataba de pertenecer a una subcultura cerrada, sino de participar en un “chiste global” que democratizaba el protagonismo digital: cualquiera con una cámara podía ser parte del fenómeno.
  • El fenómeno del Ice Bucket Challenge (2014): Marcó un hito al combinar el desafío viral con una causa social y la participación de celebridades. Este reto, que consistía en echarse un cubo de agua helada por encima, logró una recaudación histórica para la investigación de la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). Para los jóvenes, participar no solo era divertido y viralizable en Facebook e Instagram, sino que también ofrecía una vía de expresión con un propósito percibido como noble y altruista, fusionando la búsqueda de validación social con el activismo digital temprano.

La pandemia: acelerador del consumo y la hiperconectividad (2020)

El confinamiento por el COVID-19 marcó una bisagra histórica. Con las escuelas cerradas y el contacto social limitado a las pantallas, las tendencias se volvieron más intensas, globales y efímeras:

  • Los retos de TikTok: Coreografías sincronizadas y desafíos cotidianos se convirtieron en la principal vía de escape y conexión entre pares.
  • Comunidades virtuales: El auge de plataformas como Among Us, Twitch y Discord creó espacios de socialización donde nacieron memes y dinámicas de grupo que sustituyeron el patio de recreo.
  • Las microestéticas (“cores”): Tendencias como el cottagecore o el e-boy/e-girl surgieron como respuestas emocionales al encierro, permitiendo a los jóvenes proyectar identidades desde sus habitaciones.

La era del “brainrot” y el vocabulario algorítmico

Hoy en día, las tendencias han mutado hacia el llamado “brainrot” (contenido hiperestimulante, absurdo y autorreferencial) y una jerga en constante mutación:

  • Farmear aura: Tomar acciones para ganar estatus, dignidad o respeto social (un concepto heredado de los videojuegos donde se “farmean” puntos o recursos).
  • Six seven (6-7): Expresión numérica y meme viral originado en redes y dinámicas de streaming, adoptado rápidamente por la comunidad adolescente como muletilla, código de aprobación o remate absurdo dentro de videos cortos.
  • Skibidi, Rizz, Mewing y Sigma: Más que simples palabras, funcionan como un dialecto cerrado diseñado intencionalmente para ser indescifrable para padres y profesores, reforzando la frontera generacional a través del absurdo.

Video: Jóvenes se juntaron a “farmear aura” frente a la Catedral de San Lorenzo

¿Por qué surgen de tanto en tanto? Las claves detrás del fenómeno

Especialistas en psicología evolutiva y sociología coinciden en que estos ciclos responden a factores biológicos, sociales y tecnológicos:

La necesidad de diferenciarse y construir identidad

El impulso por inventar jergas indescifrables o vestimentas extravagantes tiene una raíz evolutiva clara. El célebre psicoanalista Erik Erikson, en su clásico Identity: Youth and Crisis, definió la adolescencia como una etapa crítica de «identidad frente a confusión de roles», donde distanciarse del orden establecido es indispensable para forjar la autonomía. A esta premisa se suma la visión sociológica de Dick Hebdige (Subculture: The Meaning of Style), quien demostró que la juventud utiliza el estilo y los códigos cerrados como una forma de resistencia simbólica: al crear un lenguaje propio, los adolescentes trazan una frontera deliberada frente al mundo adulto.

El cerebro adolescente y la validación de los pares

La adopción masiva y repentina de un reto viral o una muletilla no ocurre por simple imitación, sino por una necesidad neurológica de pertenencia. De acuerdo con la Teoría de la Identidad Social formulada por Henri Tajfel y John Turner, el sentido de valía individual se construye a partir de la integración en el grupo. En el plano biológico, el neurocientífico Laurence Steinberg comprobó que el cerebro adolescente experimenta una activación intensa del sistema de recompensa ante la mirada de sus iguales, lo que convierte la validación social —hoy cuantificada en reproducciones y «me gusta»— en un motor central de comportamiento.

El absurdo como respuesta a la sobreestimulación

  1. En un entorno saturado de notificaciones y estímulos constantes, el humor sin sentido funciona como una válvula de escape. La Teoría de la Carga Cognitiva, planteada por el psicólogo educativo John Sweller, explica cómo el exceso de información satura la capacidad operativa del cerebro. Frente a ese agotamiento, el humor absurdo —teorizado por filósofos como John Morreall (Taking Laughter Seriously) como un mecanismo de alivio ante la incongruencia— permite desconectar de la exigencia racional. Fenómenos como el planking en su momento o el actual brainrot operan precisamente ahí: en el placer de consumir y compartir algo que no exige ninguna lógica.

Algoritmos diseñados para la caducidad inmediata

El factor que aceleró estos ciclos no es biológico, sino tecnológico. Como describe la socióloga de Harvard Shoshana Zuboff (The Age of Surveillance Capitalism), las plataformas digitales operan bajo una economía de la atención que monetiza la novedad continua mediante estímulos de dopamina intermitente. A su vez, la investigadora Jean M. Twenge (iGen) advierte que la hiperconectividad transformó las dinámicas generacionales: las modas ya no tardan años en madurar y extinguirse en las plazas públicas; hoy nacen, se masifican a escala global y mueren en cuestión de semanas dentro del flujo ininterrumpido del algoritmo.

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De la plaza al feed: el mismo impulso humano

Si a principios de siglo el punto de encuentro eran las escalinatas de un centro comercial para tomarse fotos con una cámara digital, hoy es el feed personalizado de una red social.

Las modas adolescentes seguirán mutando y desconcertando a las generaciones mayores, no porque la juventud cambie en su esencia, sino porque cada generación inventa sus propios rituales para responder a la misma pregunta de siempre: ¿cómo encajar y expresarme en el mundo que me tocó vivir?

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