Las familias eligieron pasear en bicicleta, triciclos, carritos a pedal, descansar en la playa con sillas y sombrillas para ese fin, y también decidieron bañarse en las aguas contaminadas del río Paraguay, incluso con sus mascotas.
A orillas de la playa principal, la basura maltrataba la alegre estampa. Botellas de vidrio y de plástico, cajetillas de cigarrillos, bolsas, latas de cerveza, y trozos de todo tipo de desperdicios adornaban la orilla y otros flotaban en el agua.
Pese a ello, los bañistas no retrocedieron y de igual modo se divirtieron en el agua. Muchos grupos de amigos, y familias, llegaron para hacerse fotos, y pasear en lancha, servicio que trabajó sin pausa. No hay un solo basurero en la playa, como tampoco control para indicar a la ciudadanía que no deje su basura en el lugar.