Estados Unidos e Italia lideraron una reunión de 31 naciones sobre la lucha contra los extremistas, celebrada virtualmente para evitar nuevos contagios de la COVID-19.
Una operación estadounidense el año pasado mató al líder del grupo EI, Abu Bakr al Bagdadi, poco después de que el presidente Donald Trump declarara que el movimiento, que años atrás gobernó vastas franjas de Siria e Irak, había sido derrotado en el campo de batalla.
"Dicho esto, nuestra lucha contra ISIS [EI] continúa, y lo hará en el futuro previsible. No podemos descansar", dijo Pompeo en la conferencia.
"Debemos continuar erradicando las células y redes de ISIS y proporcionar asistencia de estabilización a las áreas liberadas en Irak y Siria", señaló.
"La pandemia está ejerciendo una enorme presión sobre todos nuestros presupuestos, pero instamos a sus naciones a que se comprometan con nuestro objetivo de más de 700 millones de dólares parea 2020", puntualizó el diplomático.
Estados Unidos comprometió un aporte de 100 millones para Irak, cuyo nuevo primer ministro, Mustafa Kadhemi, fue bien recibido por Washington.
El grupo Estado Islámico en su momento de más alcance llevó a cabo ejecuciones masivas y esclavizó a comunidades de no musulmanes, mientras inspiraba ataques en todo occidente.
A pesar de que la presencia de los extremistas ha disminuido, la alarma sobre la influencia del EI en África Occidental y Afganistán aumentó.
Estado Unidos culpó al EI por un horrible ataque perpetrado el mes pasado en un hospital de maternidad en Kabul, diciendo que los militantes querían frenar un incipiente proceso de paz entre el gobierno afgano y los talibanes.