"No hemos visto ningún cambio...(el Gobierno) no tiene ambición ni valentía", dijo Nathan, un estudiante aborigen frente a la oficina de la ministra del Ambiente, Tanya Plibersek, en la ciudad de Sídney, según un vídeo transmitido en la página de la organización estudiantil australiana School Strike for Climate.
Con carteles en los que se leía "No seas tonto fósil", "No hay Planeta B" o "Acción climática ya", los estudiantes recordaron que el primer ministro, Anthony Albanese, fue elegido en mayo de 2022, terminando con nueve años del gobierno conservador, porque había prometido tomar acciones decisivas contra la crisis climática.
El Gobierno laborista, que busca convertirse en una potencia en renovables, ya ha legislado para que la reducción de las emisiones contaminantes sea de un 43 % para el 2030 (una mejora respecto al anterior objetivo de 26-28 %), como parte de un plan para alanzar las emisiones neutras en el 2050.
Pese a estos avances, muchos científicos y activistas consideran que Australia debe alcanzar las emisiones neutras en 2035, así como debe prohibir el desarrollo de nuevos proyectos de combustibles fósiles y poner frenos a los mecanismos que permiten que las empresas compensen sus emisiones contaminantes, entre otras acciones.
"Los laboristas no lo está haciendo mejor (que los conservadores)", se quejó Nathan, al puntualizar que a los jóvenes sí "les importa la educación" pero protestan porque están "angustiados y sin esperanza" respecto a su futuro, según un mensaje que fue la constante en otras protestas como la de Melbourne, la más multitudinaria.
Los "médicos climáticos"
Muchos de los estudiantes que acudieron a la protesta, la quinta en los últimos años, obtuvieron certificados simbólicos emitidos por los "médicos climáticos" David Karoly, de la Universidad de Melbourne, y Nick Abel, de la Universidad Nacional de Australia, que les daban "permiso" a los estudiantes para "tomarse un día por un planeta enfermo".
La carta argumentaba que estaban "incapacitados debido a un problema de salud importante" por el "elevado estrés por ver los impactos de la emergencia climática ahora en Australia y en todo el mundo", así como por los "sentimientos de desesperación debido al desprecio de los líderes que no tendrán que soportar el futuro que dejarán atrás", según citó hoy la cadena pública australiana SBS.
Australia, uno de los mayores contaminadores del planeta si se toma en cuenta sus exportaciones de combustibles fósiles, afronta cada vez eventos climáticos más severos como los incendios forestales del Verano Negro, que ocurrieron entre 2019 y 2020, así como fuertes inundaciones y el blanqueo masivo de sus corales.