En este primer viernes de ramadán millones de fieles se han acercado a las mezquitas en todo el país para sumarse a la oración.
En grandes ciudades, como Rabat, las mezquitas se desbordan y los marroquíes ocupan calles y plazas, como ocurre frente a la mezquita de Ismail Freg en el barrio rabatí de Les Orangers, uno de los centros de mayor concentración durante el mes sagrado.
Cientos de musulmanes ocupan gigantescas esterillas en las calles próximas al recinto para escuchar al imán, que en el sermón de este viernes siguió al pie de la letra las orientaciones del Ministerio de Asuntos Islámicos y se centró en la importancia del Ramadán para estimular el autocontrol y la reflexión.
"Vienen aquí porque les gusta la voz del imán", asegura convencido Mohamed, que ha seguido la ceremonia durante varios años.
La escena se replica en otras muchas ciudades de Marruecos, un país que funciona a "medio gas" durante el noveno mes del calendario lunar islámico, en el que los creyentes ayunan entre el amanecer y el anochecer.
Unas trece horas al día sin comer, beber o fumar, que cambian el ritmo del país. Los funcionarios tienen jornada reducida, muchos establecimientos cierran -sobre todo restaurantes y cafés-, o aprovechan para hacer reformas, la televisión se vuelca en la oferta de "culebrones" y al caer la tarde las mesas en las casas se adornan para celebrar la ruptura del ayuno.
Alrededor del 80% de los marroquíes reza a diario, una cifra que supera los niveles de algunos de los países vecinos, según una investigación del PEW Research estadounidense.
Marruecos estrenó el Ramadán, uno de los cinco pilares del islam, el jueves 19 de febrero con el avistamiento de la luna en cuarto creciente.
En un mes, de nuevo el creciente lunar marcará el final de la fiesta sagrada para más de 2.000 millones de musulmanes en todo el mundo.