A finales de febrero, durante una cena en su mansión de Mar-a-Lago, en Florida, Trump preguntó a un grupo de donantes republicanos si preferían a Vance o a Rubio para 2028. La respuesta fue unánime a favor del secretario de Estado.
Hace un año, el vicepresidente parecía el sucesor indiscutible y sigue siendo el favorito, pero el ascenso de Rubio ha sido fulgurante y ha acaparado la atención nacional tras la exitosa operación para capturar a Nicolás Maduro en Venezuela.
Trump suele elogiarlo como "el mejor secretario de Estado de la historia" y ha insinuado la posibilidad de que Vance y Rubio formen una fórmula electoral, sin precisar en qué orden.
Nada de esto parecía posible cuando, hace una década, ambos se enfrentaron en las primarias republicanas que llevaron a Trump a su primer mandato en la Casa Blanca.
Rubio, entonces senador por Florida, representaba todo lo contrario de lo que defendía el magnate inmobiliario: era un político del "establishment" republicano y un halcón en política exterior, partidario del intervencionismo y de la línea dura con Rusia, China, Irán, Venezuela y Cuba, país de origen de sus padres.
Tras duros enfrentamientos —Trump lo apodó "Pequeño Marco" por su estatura—, Rubio se retiró cuando el neoyorquino lo derrotó en las primarias de Florida, su estado natal.
En los años siguientes, el político de Miami supo navegar con astucia en las aguas del trumpismo y sonó incluso como posible vicepresidente para el segundo mandato de Trump.
El puesto recayó finalmente en Vance, senador por Ohio, pero Rubio fue recompensado con la Secretaría de Estado, convirtiéndose en el primer hispano en dirigir la diplomacia estadounidense.
A medida que crecía la confianza de Trump, Rubio fue acumulando encargos y responsabilidades. El presidente lo nombró además consejero de Seguridad Nacional, un doble papel que no recaía en una sola persona desde los tiempos del poderoso Henry Kissinger en los años setenta.
También pilotó el desmantelamiento de la agencia de cooperación Usaid y dirigió temporalmente los Archivos Nacionales, hasta el punto de que adivinar su próximo destino se ha convertido en una broma recurrente en Washington.
Según un sondeo de febrero del Centro Pew, Rubio alcanzó una opinión favorable del 64% entre los republicanos, acercándose al 75% de Vance, y los mercados de apuestas le otorgan más posibilidades de ganar unas elecciones generales que al actual vicepresidente.
El secretario de Estado se anotó un tanto ante Trump con el arresto de Maduro y es también el encargado de negociar con Cuba un cambio en el régimen de la isla.
Su gran prueba de fuego, sin embargo, es la guerra de Irán, iniciada el pasado 28 de febrero con un ataque conjunto con Israel en el que fue asesinado el líder supremo, Alí Jameneí.
La ofensiva, que carece de un objetivo y una duración claros, ha causado ya la muerte de al menos 13 soldados estadounidenses y ha provocado un importante incremento en el precio de la gasolina. Según un sondeo de la CNN, un 60 % de los estadounidenses rechaza el conflicto.
"El principal obstáculo para la candidatura de Rubio es su vínculo con la guerra. No puede desvincularse completamente de ella, y Trump podría terminar culpándolo", advierte a EFE Seth Masket, politólogo de la Universidad de Denver.
Una parte de las bases trumpistas ve en este conflicto una traición al lema de campaña "Estados Unidos primero", que prometía mantener al país alejado de prolongados conflictos en el exterior como la guerra de Irak, duramente criticada por el propio Trump.
JD Vance, muy cercano al movimiento MAGA ("Hacer Estados Unidos Grande Otra Vez"), ha mantenido un perfil más bajo ante el conflicto y, aunque evita contradecir en público al presidente, expresó en privado sus reservas sobre la ofensiva, como ha revelado el propio Trump.
Aunque Rubio cuenta con el respaldo de megadonantes de Florida, las primarias las deciden las bases del partido, que siguen muy influenciadas por las palabras del presidente.
"Las bases MAGA de Trump hacen lo que él quiere", explica el analista político Larry Sabato. "Todavía es muy temprano y hemos visto que Trump puede cambiar de opinión rápidamente". El futuro de Rubio está en sus manos.