Un llanto desconsolado rompe el silencio de las búsquedas de desaparecidos en Venezuela

Caraballeda/Playa Grande (Venezuela), 3 jul (EFE).- "Silencio absoluto" gritan los rescatistas en un edificio derrumbado por el doble terremoto de Venezuela y todo el mundo se calla, salvo una madre que llora desconsoladamente sin poder acallar su pena.

Los llantos pero también la tensión de las familias se perciben tras el doble terremoto, mientras los rescatistas siguen tratando de buscar gente entre los escombros en una misión cada vez más imposible.

"Reanuden" gritan de nuevo en este edificio de 12-13 plantas completamente derruido en Playa Grande (La Guaira, aledaño a Caracas), dando por concluida la prueba de sonido.

Aún no han encontrado pruebas de vida, a pesar de que las familias agrupadas a los alrededores aseguran que esta madrugada una radio de un militar dio interferencias y creen que es de un guardia de seguridad atrapado que estaba intentando comunicarse con el exterior.

Sin embargo, de momento solo han sacado 15 cadáveres. Alrededor quedan pocos edificios en pie y los que hay tienen una pared derruida y se puede observar estancias completas que se quedaron congeladas tras el terremoto: una mesa puesta, una lavadora en marcha...

En el edificio de al lado no hay tantas personas. Solo Robert Flores y su suegro caminan entre los escombros. Han logrado ubicar la habitación del hermano de Flores y su esposa embarazada, pero no tienen rastro de ellos.

"En su habitación conseguimos todos sus documentos, sus cosas, pero nada de cuerpos, nada. No sabemos dónde más o menos está situado él", dice a EFE este joven.

Los rescatistas ya inspeccionaron hace días ese edificio: "meten perros, hacen cálculos y no consiguen a personas con vida", explica. Han sacado unos 20 muertos de ahí, pero estos familiares siguen pidiendo que se refuerce la búsqueda y apoyo para retirar los escombros y seguir buscando a personas vivas.

Lo mismo le ha sucedido a la familia de Fabio, un niño de 9 años que en Caraballeda, en la otra zona afectada por los sismos, sentía que su hijo seguía vivo.

"No pierdo la esperanza de que mi hijo va a aparecer. Hasta que el Gobierno me lo permita seguiré buscando a mi muchacho porque no he visto un cuerpo real, pero yo lo siento acá en mi corazón, lo siento en mi cuerpo que Fabio sigue vivo, porque él responde a mis llamados", decía a EFE el padre del niño, Francisco Bastardo.

Unas horas después, cuando ya se había ido un grupo de rescatistas y otro nuevo intentaba buscar señales de vida -han pasado grupo tras grupo de varias nacionalidades sin éxito-, la madre del niño se puso a gritar enfadada: "No han podido hacer nada en ese edificio (...) siete días y solo han sacado unas cajas".

Ya han pasado nueve días desde el terremoto y 2.645 fallecidos después, la tensión es máxima entre los familiares.

Unos pocos kilómetros del edificio donde podría estar Fabio, en Los Cocos, un inmenso complejo donde solo quedan dos torres de cinco, los grupos de rescatistas nacionales siguen pidiendo silencio.

"Todo el mundo está callado y tú ahí haciendo ruido", le increpan a una persona con mono y casco, que trata atraer a todo el mundo a un agujero donde hay un cadáver.

Un coche del Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses (Senamecf) espera a pocos metros, pero de momento el rescate de cadáveres es muy lento y se siguen priorizando encontrar a personas vivas.

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