El mandatario malasio recibió en Kuala Lumpur en calidad de jefe de Estado al líder golpista birmano, Min Aung Hlaing, quien ha intensificado este año sus viajes al extranjero en búsqueda de apoyos y reconocimiento internacional, mientras persiste el conflicto armado en ese país por el control de territorios.
La ASEAN excluyó a Birmania de las reuniones de líderes desde la asonada que acabó con el gobierno democrático de la nobel Aung San Suu Kyi, y el bloque ha puesto condiciones para una eventual reinserción, entre ellas la liberación de presos políticos y el cese de la violencia contra civiles.
"Por nuestra parte, en Malasia, haremos todo lo posible para garantizar que potenciemos esta colaboración y, en última instancia, acojamos a Myanmar como parte de nuestra comunidad de naciones sin prejuicios, particularmente en el contexto de la ASEAN", dijo Anwar este jueves en el acto de bienvenida.
Consideró además que Min Aung Hlaing -señalado por la Fiscalía de la Corte Penal Internacional (CPI) por presuntos crímenes de lesa humanidad- ha hecho "grandes esfuerzos para mejorar las relaciones, así como para llevar a cabo las reformas, cambios de políticas y ajustes necesarios en su propio país".
Anwar agradeció nuevamente que Naipyidó haya aceptado la repatriación de 10.493 ciudadanos de Birmania, una política criticada por la ONU y por ONG especialmente por incluir personas de la perseguida minoría rohinyá.
Por su parte, el líder golpista birmano -investido en abril como presidente tras unas elecciones sin oposición y rechazadas por Naciones Unidas- destacó que agilizarán estos procesos de repatriación con Malasia, al tiempo que prevén impulsar las relaciones comerciales.
La visita se produce días después de que llegaran a Birmania cerca de 1.500 deportados de Malasia, entre ellos los rohinyás que Naipyidó no reconoce y califica como inmigrantes ilegales bengalíes.
La semana pasada, un ataque aéreo dejó al menos medio centenar de muertos en un concurrido mercado en el estado occidental de Arakán, donde está asentada la comunidad rohinyá, contra la que las fuerzas gubernamentales lanzaron en 2017 una ofensiva que la ONU ha considerado como un intento de "limpieza étnica".