“Mientras las organizaciones continúan brindando asistencia crítica, las comunidades repiten la creciente brecha entre las necesidades en aumento y los recursos disponibles para cubrirlas”, indicó la agencia en su último informe.
El organismo recorrió las zonas rurales del sur afgano en septiembre para realizar un estudio real del impacto de años de crisis económica y social tras más de cinco años de régimen talibán.
Según concluyó el estudio, cada vez hay más “peligros ocultos y un profundo aumento de las necesidades humanitarias” en las provincias de Helmand y Kandahar, bastión de los talibanes y hogar del líder supremo del país, Hibatullah Akhundzada.
La zona sigue plagada de explosivos enterrados sin detonar que matan y mutilan a decenas de personas, en su mayoría niños. “A primera vista la tierra parece inofensiva, pero oculta peligros mortales”, denuncia la portavoz de la OCHA, Olga Cherevko.
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Necesidades en Afganistán
Durante una misión a ambas provincias, representantes del organismo se reunieron con las comunidades afectadas, personal sanitario, docentes y socios humanitarios. “Las necesidades son muchas. No sabemos por dónde empezar”, contó un líder comunitario a la organización.
La retirada de la asistencia internacional aboca a las familias a la indigencia y la deuda, según denunciaron los propios líderes locales, que piden inversión en empleo e infraestructuras básicas para no depender exclusivamente de una ayuda de emergencia que cada vez es más escasa.
La ONU denuncia que ya hay, además, 36 casos confirmados de poliomielitis y advirtió de que las restricciones impuestas a las mujeres afganas para trabajar en las Naciones Unidas continúan afectando a la entrega de ayuda humanitaria.