Los contrastes del patrimonio

El Santuario Ñandejára Guasu de Piribebuy, uno de los templos más emblemáticos del país, atraviesa una situación que refleja años de desidia, burocracia y falta de respuestas concretas.

Mientras las obras de restauración permanecen paralizadas, el deterioro de este patrimonio histórico sigue generando preocupación entre pobladores y feligreses que observan cómo un símbolo de la fe y de la historia nacional queda a la espera de soluciones que no llegan.

Resulta difícil entender que un sitio de semejante valor cultural continúe atrapado entre trámites, promesas y anuncios que nunca terminan de concretarse en hechos reales. Cada grieta en sus paredes y cada sector afectado del templo no solo evidencia el paso del tiempo, sino también la ausencia de una política sostenida de conservación patrimonial.

La falta de avances no solo afecta a la estructura física del templo, sino también a la identidad de toda una comunidad que ve cómo parte de su memoria colectiva se va deteriorando lentamente. La conservación del patrimonio no debería depender de la lentitud administrativa ni de la voluntad coyuntural de las autoridades, sino de decisiones firmes, coordinadas y sostenidas en el tiempo.

Vecinos de la zona incluso manifiestan su preocupación ante el riesgo de que, si no se interviene a tiempo, el daño pueda volverse irreversible, lo que significaría una pérdida irreparable para la historia religiosa y cultural del departamento de Cordillera.

Pero no todo es malo. Esta semana, Piribebuy volvió a ser noticia por otro símbolo de identidad que sí genera orgullo: el poncho para’i de 60 listas que fue confeccionado para la Albirroja. La artesanía local volvió a demostrar su enorme valor cultural, su historia y su capacidad de proyectar el nombre de la ciudad al país y al mundo.

Sin embargo, este contraste también deja una reflexión clara: así como se celebra y se visibiliza lo nuestro en el ámbito deportivo y cultural cuando alcanza proyección nacional, también debería existir el mismo compromiso institucional para proteger aquello que ya forma parte de nuestra historia viva y que no puede esperar más.

Ojalá que el impulso que hoy recibe la artesanía no sea pasajero, y que sirva también como punto de inflexión para que el templo de Piribebuy deje de ser un símbolo de abandono y pase a convertirse en un verdadero ejemplo de preservación, respeto y puesta en valor del patrimonio nacional.

faustina.aguero@abc.com.py

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