No más tragedias en Pedrozo

Tuvieron que morir otras seis personas para que finalmente se retire el semáforo del cruce de Pedrozo, en Ypacaraí. Seis vidas que se suman a una larga lista de víctimas y que vuelven a desnudar una realidad que las autoridades conocen desde hace años: este tramo de la ruta PY02 es un punto crítico que clama una solución definitiva.

El accidente ocurrido el pasado sábado no puede ser presentado simplemente como una tragedia más. Fue la consecuencia más reciente de un problema advertido durante años. Entre los kilómetros 44 y 47 existe un historial de más de 80 personas fallecidas en sucesivos siniestros. Numerosas familias ya quedaron marcadas por la pérdida de un ser querido en un tramo de ruta que, lejos de convertirse en un ejemplo de infraestructura segura, continúa acumulando víctimas.

Ahora, después de la muerte de seis personas más, el semáforo comienza a desaparecer. La reacción llega cuando ya no hay nada que devolverles a las familias que perdieron a sus seres queridos.

El peligro fue advertido. Los accidentes se repitieron. Las víctimas se multiplicaron. Los reclamos fueron constantes. Más de 80 muertos deberían haber sido suficientes para encender todas las alarmas. Sin embargo, nuevamente tuvo que ocurrir una tragedia de gran magnitud para que se actuara.

El retiro del semáforo puede ser necesario, pero llega demasiado tarde para quienes ya no están.

Pedrozo no necesita que las autoridades reaccionen después de cada accidente. Necesita que se adelanten a la próxima tragedia.

Porque mientras las decisiones se toman después de cada muerte, quienes transitan diariamente por este sector continúan expuestos. Conductores, pasajeros, motociclistas y peatones no pueden seguir dependiendo de medidas improvisadas ni de respuestas que llegan cuando la presión social aumenta.

La seguridad vial no debería necesitar una nueva lista de víctimas para convertirse en una prioridad.

Se necesitan obras que permitan ordenar el tránsito, proteger a quienes deben cruzar la ruta y reducir de manera efectiva los puntos de conflicto. Si durante años se supo que el sector era peligroso, también debieron conocerse las alternativas para hacerlo más seguro. Pedrozo se convirtió así en el reflejo de una deuda que no es solamente de infraestructura, sino también de gestión y prevención.

Las autoridades tienen ahora la oportunidad de demostrar que el retiro del semáforo no será simplemente una reacción pasajera. Deben asumir que detrás de cada cifra hay una persona, una familia y una historia que ya no puede recuperarse.

Pedrozo no puede seguir siendo conocido por sus muertos. La ruta PY02 necesita seguridad, iluminación y respuestas concretas antes de que otra tragedia vuelva a obligar a las autoridades a actuar.

faustina.aguero@abc.com.py

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