Cada 27 de agosto, desde el año 2000, se recuerda el nacimiento de José Asunción Flores, creador de la guarania, en la plaza que lleva su nombre y el de Manuel Ortíz Guerrero; también en otros sitios de la capital y del interior. Se suele citar mucho, con justicia, a Ortíz Guerrero en la vida del maestro. Tenemos que agregar otro nombre: Gilberto Rivarola, cuyo dinamismo –diríamos su pasión- dedicó en mantener vivo el recuerdo de su amigo.
Desde hace cuatro o cinco años venía comunicándome con Jesús Ruiz Nestosa cada domingo, vía whatsapp, con la remisión de mi comentario periodístico que daba lugar, a su vez, a otro comentario suyo generalmente irónico, siempre lúcido, preocupado por lo que sucedía en nuestro país con la educación, la corrupción, la salud.
El domingo pasado, en este mismo espacio, mi comentario con el título de “Un Gobernador y el bibliobús”, comenzó con este párrafo: “El diario “Ultima hora” del lunes nos trajo una noticia inquietante: el Gobernador de Central, Ricardo Estigarribia, rechaza la excelente iniciativa del Gobierno de que todos los Departamentos, más Asunción, tengan un bibliobús.
El diario “Ultima hora” del lunes nos trajo una noticia inquietante: el Gobernador de Central, Ricardo Estigarribia, rechaza la excelente iniciativa del Gobierno de que todos los Departamentos, más Asunción, tengan un bibliobús. El ministro de Educación, Luis Ramírez, censuró con razón la extraña oposición del Gobernador que calificó el proyecto de “vyro reí” (insignificante) y de que existen “otras necesidades”.
El martes se recordará el aniversario de la Revolución Francesa como el suceso que abrió un nuevo camino en la historia. Se consagraron las palabras libertad, fraternidad, igualdad, como una nueva idea para el género humano por la que vale la pena vivir o morir. Con el asalto a la Bastilla el 14 de julio de 1789 nació la apoteosis de una nueva filosofía política y social.
El pasado viernes 26, la ciudad de Villarrica volvió a abrazarse con una de las expresiones de su cultura: el Teatro Municipal. Por 16 años tuvo las puertas cerradas. Lo dejaron caer –como habían hecho con el Teatro “Ignacio A. Pane”, de Asunción- con grave daño para las artes escénicas.
