El martes se recordará el aniversario de la Revolución Francesa como el suceso que abrió un nuevo camino en la historia. Se consagraron las palabras libertad, fraternidad, igualdad, como una nueva idea para el género humano por la que vale la pena vivir o morir. Con el asalto a la Bastilla el 14 de julio de 1789 nació la apoteosis de una nueva filosofía política y social.
El pasado viernes 26, la ciudad de Villarrica volvió a abrazarse con una de las expresiones de su cultura: el Teatro Municipal. Por 16 años tuvo las puertas cerradas. Lo dejaron caer –como habían hecho con el Teatro “Ignacio A. Pane”, de Asunción- con grave daño para las artes escénicas.
Es incalculable el daño que la mafia de los títulos universitarios ocasiona a la educación. El mismo daño que causa la indiferencia del ministerio respectivo ante un hecho escandaloso. Más allá del delito de comprar o falsificar títulos, está la consecuencia penosa: desconfiar de la capacidad profesional de los egresados. Da igual el estudiante que amanece sobre los libros para aprender que aquel que solo necesita de un buen padrino o un poco de dinero y mucha canallada para llegar a las mismas consecuencias: obtener el título.
El nuevo titular del Instituto de Previsión Social (IPS), Dr. Isaías Fretes, atrae la mirada esperanzadora de los asegurados. Le siguen en su actividad, que promete una nueva y buena gestión, luego de muchos años de abandono, de desidia, de corrupción, sufridos por la institución creada en 1943 por el gobierno de Higinio Morínigo “para asegurar al ciudadano los medios que le pongan a cubierto de los azares de la vida en lo que respecta a enfermedad, maternidad, invalidez, accidente de trabajo, etc”.
A nadie debería importar que una persona, encerrada en su domicilio, beba alcohol hasta reventar. Es su vida privada y debe ser respetada. Ahora bien, esta protección a la privacidad caduca cuando los actos de esa persona alcohólica trascienden su hogar e influyen en la política, por ejemplo.
