Es incalculable el daño que la mafia de los títulos universitarios ocasiona a la educación. El mismo daño que causa la indiferencia del ministerio respectivo ante un hecho escandaloso. Más allá del delito de comprar o falsificar títulos, está la consecuencia penosa: desconfiar de la capacidad profesional de los egresados. Da igual el estudiante que amanece sobre los libros para aprender que aquel que solo necesita de un buen padrino o un poco de dinero y mucha canallada para llegar a las mismas consecuencias: obtener el título.
El nuevo titular del Instituto de Previsión Social (IPS), Dr. Isaías Fretes, atrae la mirada esperanzadora de los asegurados. Le siguen en su actividad, que promete una nueva y buena gestión, luego de muchos años de abandono, de desidia, de corrupción, sufridos por la institución creada en 1943 por el gobierno de Higinio Morínigo “para asegurar al ciudadano los medios que le pongan a cubierto de los azares de la vida en lo que respecta a enfermedad, maternidad, invalidez, accidente de trabajo, etc”.
A nadie debería importar que una persona, encerrada en su domicilio, beba alcohol hasta reventar. Es su vida privada y debe ser respetada. Ahora bien, esta protección a la privacidad caduca cuando los actos de esa persona alcohólica trascienden su hogar e influyen en la política, por ejemplo.
En la sesión de la semana pasada, la diputada Johanna Ortega, ante la constante e impertinente interrupción de un colega en el uso de la palabra, se acordó de su madre quien le decía: “Lo que uno no aprende en la casa, no va a aprender en la escuela. Lo que me parece llamativo es que en este recinto hay gente que no entendió y no aprendió ni en la casa, ni en la escuela, a respetar cuando otro habla”.
Hoy los periodistas paraguayos recuerdan su día. Es en homenaje al semanario “El Paraguayo Independiente”, cuyo primer número apareció el sábado 26 de abril de 1845. Carlos Antonio López hizo del periódico una sólida trinchera para defender la independencia patria. He aquí el honroso nacimiento de la prensa paraguaya.
