El imbécil que pagó el SOAT

Paraguay es un país extraño, en donde la maquinaria estatal castiga al ciudadano responsable. Aquellos que pagaron el SOAT porque la burocracia se los exigió, son burlados por los mismos hacedores de la Ley.

Desde el 1 de enero de este año la noticia, que ya se conocía, sorprendió. Había que pagar el Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito para poder conseguir la habilitación del rodado. Las Municipalidades, los organismos de cobro y muchas autoridades no tenían idea de cómo hacer conocer una reprochable idea de pagar un seguro con dudosos objetivos.

Así, mucha gente se acercó y pagó, sabiendo que tenía que hacerlo en algún punto. Se llegó a recaudar decenas de millones de guaraníes en poco tiempo.

Es que ese era el requisito para tener los documentos al día.

Después, se postergó la aplicación del SOAT hasta el 3 de marzo. Ahora se habla de derogar la Ley (sancionada durante el anterior periodo legislativo).

¿Y qué pasa con la gente que ya pagó?

Como lo dijo el intendente de Villa Elisa, el responsable es el výro (tonto, ingenuo) que al ser responsable para tener sus documentos al día (una exigencia del mismo Estado) es burlado por este.

El Estado, la máquina burocrática, se ríe de miles de ciudadanos que (a pesar de estar en desacuerdo con el SOAT) pagaron dinero para estar en regla.

Después de una discusión entre el presidente del BCP y la Superintendencia de Seguros, se habla de devolver el dinero.

Cada ciudadano imbécil (es irónico) tiene que ir a buscar el dinero que pagó. Debe esperar para recibir una plata que  -digámoslo claramente – se le robó.

Espero que el Estado, o la Superintendencia de Seguros envíen ese dinero personalmente a cada persona que pagó el SOAT; pero creo que estoy pidiendo demasiado.

Dejando de lado los cuestionamientos de la aplicación del SOAT, me aterra este Estado que no hace otra cosa que robarte a vos, o a mí, en una dosis diaria, en beneficio de unos pocos. 

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