Ajedrez por Zenón Franco: “La Gioconda” de Gufeld

Este mes se cumplen 50 años de la disputa de una de las partidas más bellas de la historia: Bagirov - Gufeld, Kirovabad 1973.

Olimpiada de Lucerna 1982, Gufeld mira a Kasparov analizando con Chiburdanidze. Están presentes Ioseliani, Gaprindashvili y Alexandria. De pie, Gipslis (Foto via ChessBase).
Olimpiada de Lucerna 1982, Gufeld mira a Kasparov analizando con Chiburdanidze. Están presentes Ioseliani, Gaprindashvili y Alexandria. De pie, Gipslis (Foto via ChessBase).Foto Gentileza

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Lo recordó Douglas Griffin en su excelente blog https://dgriffinchess.wordpress.com/

Hablamos de ella en la lejana nota 55 del 30 de septiembre de 2002, dedicada al vencedor, el ucraniano Eduard Gufeld.

En aquel tiempo algunas notas publicadas en la edición impresa no quedaban registradas en la web, por lo que me pareció oportuno rememorarla, actualizando y ampliando datos.

Un personaje controvertido

En The World´s Greatest Chess Games se dice de Eduard Yefimovich Gufeld (19 de marzo de 1936, Kiev, Ucrania, URSS – 23 de septiembre de 2002, Los Ángeles, EE. UU.), que era “una figura colorida del mundo de ajedrez, fue famoso por su audaz ajedrez de ataque”.

Es cierto, como también que se adapta al dicho romano sobre cómo hablar de las personas fallecidas: “O decir algo bueno, o nada”.

Genna Sosonko, en The Reliable Past, donde habla de maestros vivos y del pasado, Gufeld incluido, recordó otro dicho romano, “Sobre los muertos – la verdad”.

En primer lugar Sosonko dejó claro que Eduard Gufeld, llamado Edik, fue un ajedrecista muy talentoso, que “en sus mejores años fue un gran maestro de fuerza respetable, con un estilo claramente definido. Y no tiene la culpa que fuera opacado por los jugadores brillantes de su generación como Tal, Spassky, Stein y Polugaevsky. Gufeld jugó en ocho campeonatos de la URSS, luchas colosales, en las que además de sus contemporáneos se encontró con jugadores como Keres, Smyslov, Bronstein, Petrosian, Geller, Korchnoi y Taimanov”.

En su carrera logró victorias contra Smyslov, Tal, Spassky, Korchnoi, Bronstein, Gligoric, Polugaevsky, Beliavsky, Hort, Huebner y otros. “No todo el mundo puede presumir de una constelación como esta”, afirmó Sosonko.

“Su energía y fe en la victoria final podía ser contagiosa, y podía ser muy devoto de su protegido – Geller, con quien trabajó muchos años, o Maya Chiburdanidze, quien admitió que antes de conocer a Gufeld, ella jugaba un ajedrez infantil y que es básicamente debido a Gufeld que ella pudo convertirse en campeona del mundo”.

Después de decir eso, Sosonko es menos amable, más crudo, y diría que es así en la mayoría de los retratos de grandes maestros del pasado que conoció.

Esos relatos son testimonios de primera mano, de extraordinario valor, fueron publicados inicialmente en New in Chess y están recopilados en varios libros. También escribió libros específicos sobre Bronstein, Korchnoi y Smyslov.

En todos sus retratos Sosonko es más fiel al segundo dicho romano que al primero, creo que con solo dos excepciones, Smyslov y especialmente Tal. Sobre ellos solo habla con extrema admiración y con una profunda calidez.

La descripción crítica de Sosonko

Gufeld fue un prolífico escritor. No está claro cuántos libros escribió, unos 80 posiblemente, aunque según Sosonko, en realidad estaban escritos por negros literarios; lo que a Gufeld le gustaba era hablar, no escribir.

Recordemos solo una de las cosas que cuenta Sosonko, nos bastará para tener un panorama de la personalidad de Gufeld, a quien definió así:

“La concepción de Edik de la moralidad era bastante simple y totalmente acorde con los de un líder de un clan primitivo: Si yo le robo la esposa y una manada de bueyes al líder de una tribu enemiga, eso está bien; si me lo hacen a mí, eso está mal”.

Y Sosonko da varios ejemplos donde se ve que esa descripción es fidedigna.

Nunca se confirmó, pero existía el fuerte rumor de que era agente de la KGB, Sosonko afirmó que, en esa época, el tener tantos permisos para viajar a países capitalistas, a veces solo, “habla por sí mismo”, y que las personas poderosas que le concedían esos viajes “sabían perfectamente que Eduard Yefimovich Gufeld, para justificar la confianza en él, podía cumplir con cualquier misión encomendada”.

Tampoco Sosonko aprobaba la extrema promoción que hacía Gufeld de su partida más famosa, pues “cada gran maestro que ha sido profesional durante muchos años, tiene varias partidas buenas, incluso brillantes, de las cuales está orgulloso. Pero a ninguno de estos jugadores se les ocurriría publicarlas año tras año con nombres pretenciosos en libros y revistas en todos los países. ‘La Inmortal’ y ‘La Siempreviva’ son los nombres dados a las partidas de Anderssen con Kieseritzky y Dufresne por sus admiradores contemporáneos. ‘La Perla de Zandoort’ fue el nombre dado por los holandeses a una buena partida ganada por Max Euwe a Alexander Alekhine en el Campeonato Mundial de 1935. ‘Mona Lisa’ fue el nombre dado por Eduard Gufeld a su victoria sobre Bagirov en Kirovabad 1973″.

Bagirov comentó sombríamente, “Con su ‘Partida inmortal’ Gufeld amuebló su casa”, pues “Gufeld continuó mostrando su obra maestra una y otra vez”.

Sosonko le tira un cable, diciendo que todos estamos construidos por partes, Gufeld no era una excepción. “En él se combinaban un ajedrecista vívido y talentoso junto a un avaro, un entrenador dedicado y alguien centrado solo en sí mismo, una persona ingeniosa y un fanfarrón desvergonzado, un periodista incisivo o simplemente un narrador, una persona inescrupulosa y problemática, un hijo amoroso y a la vez un jugador de cartas deshonesto y un glotón, una persona que puede ser a la vez encantadora y vulgar”.

Una broma a Bobby Fischer

Antes de hablar de la partida, vayamos a una faceta más amable de Gufeld, repasemos algunos de sus recuerdos sobre Bobby Fischer: Durante el Torneo Interzonal de Suza (Croacia) 1967, donde Gufeld no jugaba, sino que era analista de los soviéticos.

Un grupo de maestros soviéticos estaban jugando al dominó en una de las salas del hotel, Fischer apareció y empezó a mirar el juego, que como luego se supo, veía por primera vez, y pidió permiso para jugar, “sorprendentemente solo unos pocos minutos más tarde demostró una gran habilidad en un juego que no es tan simple”.

En uno de los días de descanso posteriores Gufeld ideó una broma para Fischer, en complicidad con otros maestros del torneo. Le puso una posición para encontrar cómo ganar, y los otros maestros debían decir que era muy fácil, y que ya habían visto la solución, dejando a Fischer como el único que no la había resuelto.

Según Gufeld, a Fischer, la idea de ser el único que no encontrara la solución lo horrorizaba.

“¿Quieres alguna ayuda?” le sugirió Gufeld, “¡No!, ¡no!” contestó Fischer, “¡Lo resolveré yo solo!”, Gufeld cuenta que: “Un minuto después, la respuesta no trivial, fue encontrada”.

Esta es la posición:

¿Se atreve a solucionarlo antes que Fischer?

“¡La expresión de gozo de los ojos de Fischer era digna de verse!”, comentó Gufeld.

Las blancas ganan con: 1.Df5+ g6 2.Df6! a 2…gxh5 sigue 3.Dxh6++; no hay buena defensa contra 3.Dg7+ Txg7 4.Cf6++.

“Su cara, que había expresado horror poco antes, fue iluminada por una sonrisa radiante de tan infinita felicidad que me pareció estar frente a la cara de Arquímedes cuando exclamó ‘¡Eureka!’. Estoy seguro de que no hay actor en el mundo que pueda expresar la secuencia de horror y gozo que vi en el rostro de Fischer”.

El problema está basado en una posición de la partida Tal - Antoshin, del Campeonato de la URSS de 1957.

“La Gioconda” de Gufeld

Es muy posible que más que por sus obras, y obviamente por sus conflictos, Gufeld prefiera ser recordado por una sola cosa, por su partida más famosa, que fue publicada en muchos sitios, como ya sabemos.

La primera vez que supe de ella fue en mi adolescencia, la dieron en el Club Argentino de Ajedrez en la sección sabatina mensual de “Acierte las Jugadas”.

Posteriormente salió publicada en la revista Ajedrez con comentarios de Gufeld, y efectivamente luego la vi en muchas otras revistas y libros, incluso durante uno de los torneos de Biel, la vi comentada por él con un proyector.

Todo esto no resta belleza a una partida inmortal.

Esto es lo que Gufeld escribió en la introducción a su “Gioconda”, jugada en junio de 1973 en la ciudad armenia Kirovabad, hoy llamada Vanazdor:

“Todo el mundo ha nacido para ser un genio, pero muy pocos llegan efectivamente a serlo, ¿qué pasa con el resto?, algunos son afortunados, pero en otros el genio queda dormido por toda su vida. Louge de Lille escribió ‘La Marsellesa’ en el momento justo, y se convirtió, en palabras de Stefan Zweig, en ‘un genio de una noche’, y su genio nunca volvió a aflorar”.

“Yo también fui afortunado, si había en mí algo de genio, ello salió a relucir en la noche en que jugué con Vladimir Bagirov, no soy un Fischer ni un Kasparov, cuyo genio nunca duerme, pero por esa única noche me siento muy afortunado”.

“Cada artista sueña con pintar su Mona Lisa, y por tanto es lógico pensar que cada ajedrecista sueña en jugar su personal ‘Partida Inmortal’. Y aún en el caso de que, en el momento de crear esa obra, no obtenga el reconocimiento destinado a las grandes creaciones, ni un aplauso general, aún así, esa partida será íntimamente inmensamente satisfactoria, y simbolizará la concreción de un profundo anhelo personal”.

“Logré crear mi ‘Gioconda’ particular, no pretendo sugerir que merezca un premio de brillantez, en cualquier caso, nunca he estado tan satisfecho de ninguna partida como de esa, e incluso ahora simplemente al recordarla me embarga un sentimiento de felicidad, y cuando pienso en ella todas mis penas ajedrecísticas son olvidadas, y el sentimiento de la concreción de un sueño lo invade todo”.

GM Zenón Franco Ocampos

Ponteareas, 21 de junio de 2023

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