De acuerdo con el Global Investment Trends Monitor N.º 51 de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), los flujos mundiales de IED aumentaron 37% durante el primer semestre de 2026 respecto al promedio semestral de 2025. A pesar de esta expansión, los indicadores vinculados con nuevas inversiones muestran un comportamiento más moderado.
La diferencia es importante porque un aumento de los flujos de inversión no necesariamente significa que se estén construyendo nuevas fábricas, centros logísticos o instalaciones productivas. Parte del crecimiento puede provenir de adquisiciones de empresas ya existentes, reinversión de utilidades o grandes operaciones financieras.
En este contexto, UNCTAD señala que el número de nuevos proyectos greenfield anunciados a escala global disminuyó 15%. Los proyectos greenfield son inversiones que comienzan desde cero, como la construcción de una nueva planta industrial, un centro de distribución, una infraestructura energética o una operación empresarial completamente nueva. Por esta razón, suelen tener una relación más directa con la generación futura de empleo y capacidad productiva.
Además, la inversión internacional se está concentrando cada vez más en sectores estratégicos. Entre ellos aparecen la inteligencia artificial, los centros de datos, la infraestructura digital, las energías renovables y los minerales críticos. Estos últimos incluyen recursos como litio, cobre y otros minerales considerados esenciales para tecnologías modernas y para la transición energética.
Para UNCTAD, estos sectores pasaron de representar 16% del valor mundial de los nuevos proyectos anunciados en 2020 a 44% en 2025. Esto favorece especialmente a países con buena infraestructura, acceso a energía, personal especializado y condiciones adecuadas para recibir inversiones intensivas en tecnología.
Para América Latina y el Caribe (ALC), el panorama presenta una situación similar: ingresó más capital, pero hubo menos señales de nuevas inversiones productivas. En el primer semestre de 2026, la región recibió alrededor de US$ 108.000 millones en IED, un aumento de 15% frente al promedio semestral de 2025.
En contraste, el valor de los nuevos proyectos greenfield anunciados disminuyó 18%, mientras que el financiamiento internacional de proyectos cayó 35%. Este último indicador se refiere, principalmente, a recursos destinados a grandes obras de infraestructura, energía, transporte u otros proyectos de largo plazo.
El comportamiento profundiza una tendencia observada durante el año anterior. En 2025, ALC recibió US$ 188.000 millones en inversión extranjera directa, 14% más que en 2024. Sin embargo, el aumento regional estuvo altamente concentrado. Las diez principales economías receptoras captaron aproximadamente 95% de la IED recibida por América Latina y el Caribe durante 2025.
Al mismo tiempo, el valor de los proyectos greenfield anunciados cayó alrededor de un tercio. Esta diferencia muestra que recibir más capital no implica necesariamente que se amplíe en la misma proporción la capacidad productiva de una economía. Una adquisición empresarial puede generar una entrada importante de inversión extranjera, pero no necesariamente crea una nueva planta o una cantidad significativa de empleos adicionales.
El desafío regional, por tanto, no pasa únicamente por atraer mayores montos de inversión. UNCTAD señala la necesidad de mejorar infraestructura, reducir obstáculos administrativos, facilitar el acceso al financiamiento y fortalecer la integración entre empresas extranjeras y proveedores nacionales.
Lo último resulta clave para las denominadas cadenas de valor, es decir, el conjunto de empresas y actividades que participan en las distintas etapas de producción de un bien o servicio. Cuanto mayor sea la participación de proveedores locales, mayor puede ser el efecto de una inversión extranjera sobre el empleo, la producción y la transferencia de conocimientos.
Finalmente, el escenario internacional deja así una señal dual. La inversión vuelve a crecer, pero se vuelve más selectiva, concentrada y orientada hacia sectores estratégicos. Para América Latina y el Caribe, y particularmente para economías pequeñas como Paraguay, el desafío será transformar el interés inversor en nuevos proyectos, empleo, transferencia tecnológica y una mayor participación de empresas locales en los procesos productivos.
*Este material fue elaborado por MF Economía e Inversiones.