Según la Constitución del Líbano, el jefe del Estado debe ser cristiano maronita, mientras que el primer ministro debe ser musulmán suní y el líder del Parlamento, un musulmán chií.
La aceptación o rechazo de la renuncia quedó en manos del presidente libanés Michel Aoun (cristiano). Por su parte, el poderoso grupo Hezbolá (chii) rechazó la petición popular de dimisión del primer ministro Hariri (sunita).
Al descontento social que se alimentó de los resentimientos frente a años de empobrecimiento del país, ahora al borde de la quiebra económica, se sumaron otras demandas como el reemplazo completo de una clase política que ha permanecido en el poder casi sin cambios desde la guerra civil (1975-1990). Los que murieron o son demasiado viejos fueron reemplazados por miembros de sus familias, como es el caso de
Saad Hariri, quien es hijo del multimillonario y ex primer ministro Rafiq Hariri, asesinado en 2005.