DOHA y KABUL (EFE, AFP). “Este es un momento lleno de esperanza, pero es sólo el principio, hay una gran cantidad de trabajo por delante en el frente diplomático”, sentenció el secretario de Estado estadounidense Mike Pompeo.
Tras los atentados del 11-S, que causaron casi 3.000 muertos en EE.UU., los talibanes, entonces en el poder en Afganistgán se negaron a entregar al fundador de la red terrorista Al Qaeda, Osama bin Laden, que se escondía en ese país.
El texto del acuerdo estipula que Estados Unidos retirará del país asiático “todas las fuerzas militares” y el personal civil no diplomático en un plazo de 14 meses a partir de ayer. También se retirarán las tropas de sus aliados de la coalición
Por su parte, los talibanes se comprometieron a comenzar en Oslo un diálogo con el Gobierno, en el que se tratará un alto el fuego “permanente e integral”.
Sobre el proceso que está previsto que dé comiendo el 10 de marzo en Oslo entre el Gobierno afgano y los talibanes, Pompeo resaltó que será necesario el compromiso de “cada afgano”.
Además, para el 10 de marzo, se liberará a 5.000 prisioneros insurgentes y a 1.000 miembros de las fuerzas de seguridad afganas.
El presidente estadounidense Donald Trump, dijo que cree que los talibanes están listos para la paz, pero les advirtió que si este acuerdo no se cumple y “ocurren cosas malas”, Estados Unidos “regresará”.
Trabajo por hacer
El acuerdo reducirá la intensidad del conflicto, pero el analista del centro de investigación afgano Rana, Safiullah Mullakhil, vaticinó que el conflicto aun continuará durante meses, incluso un par de años, porque algunas facciones de los talibanes y del Gobierno de Kabul tratarán de meter cizaña al ver sus intereses en juego.
“La rúbrica del pacto, cuya preparación llevó más de un año, es la parte fácil. Cómo las dos partes lo implementarán y lo respetarán, esa es la parte difícil del proceso”, resaltó Mullakhil.
Y, para más inri, la formación de un equipo negociador afgano ha causado polémica y rencillas, pues partidos y políticos temen que el Ejecutivo escoja a sus miembros de forma unilateral sin incluir representación de todos los sectores del país.
En términos generales, para Mullakhil el diálogo con el Gobierno afgano supone la parte más difícil.
“Los afganos vivieron bajo el régimen talibán, comprobaron la violencia de los talibanes y tienen que vivir en el mismo país con los talibanes”, dijo, consciente de que un entendimiento intra-afgano llevará tiempo.
Sin embargo, aunque habrá altibajos y puede que tome años, el analista espera que ambas partes, cansadas de décadas de una guerra que no pueden ganar militarmente, acabarán encontrando una solución.