En Centroamérica, el presidente de El Salvador, Nayhid Bukele, ya dijo en febrero que había hablado con Dios para después irrumpir en el Parlamento con policías y militares. El casi autogolpe “divino” no llegó a mayores aunque marcó el ritmo político de un dirigente prudente en la lucha contra el coronavirus.
La devoción mariana es muy común en la región y por eso no es extraño que en un acto oficial, el presidente de Colombia, Iván Duque, llame a la protección de la Virgen de Chinquinquirá, patrona del país. En el territorio vecino, como no podía ser menos, el presidente venezolano, Nicolás Maduro, animó a realizar una cadena de oración para que se consiga la vacuna definitiva contra el covid-19.
Y las llamadas a un poder superior se repiten en todo el continente.
Todas estas respuestas religiosas a un problema global sanitario son una muestra más de que la religión sigue gozando de buena salud en América Latina y que está muy presente en el espacio público... y político.