Un tribuno

Hoy iniciamos una serie presentando la actuación de ciudadanos que prestaron importantes servicios a la República del Paraguay en las dos centurias de existencia en el concierto de las naciones.

Buscamos con esta serie rescatar los nombres de importantes figuras que aportaron lo suyo para la construcción de nuestro país.

En este caso, presentamos la breve descripción biográfica de un muchacho campesino como tantos que se abrieron paso en la vida y llegaron a descollar entre sus pares.

Nació en la época en que la República buscaba reconstituirse después de la terrible guerra contra la Tríplice, que duró un sangriento lustro. Sus primeros días transcurrieron en la roja campiña guaireña, regada por numerosos y cristalinos cursos de agua y cubierta de tupida floresta.

Se llamó Adolfo Aponte Fleitas (foto) y vino al mundo en Itapé, el 27 de octubre de 1873. Fueron sus padres don Ascencio Aponte, destacado reconstructor de la patria en la posguerra, y doña Carmen Fleitas. Tío abuelo suyo fue el quyquyhense obispo del Paraguay Pedro Juan Aponte, al lado de quien se formó en sus años infantiles, luego de que fuera traído por su padre a la capital del país, donde realizó sus estudios en el Colegio Nacional.

Posteriormente, ingresó en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Asunción, donde se doctoró. Ejerció la docencia en el Colegio Nacional y la cátedra en la Facultad de Derecho, de la que también fue decano (entre 1937 y 1938).

Activó en política, en filas del Partido Liberal y tuvo destacada actuación en la revolución de 1904. También se desempeñó en la judicatura, el periodismo y el Parlamento nacional. Desempeñó la presidencia del Superior Tribunal de Justicia y fue ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública, en el gabinete del presidente Eligio Ayala, en 1926.

Durante su gestión, entre otras iniciativas, se inauguró, luego de varias décadas de haberse fundado, la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, y elaboró el proyecto de ley de Reforma del régimen universitario, ley que, con algunas modificaciones, fue promulgada en 1929.

Una vez alejado del gabinete nacional, el 29 de agosto de 1928 fue designado rector de la Universidad Nacional de Asunción, cargo que ejerció hasta el 27 de mayo de 1929, en que renunció en repudio al atropello policial a raíz de un incidente ocurrido en el claustro universitario.

Hombre cultísimo, el doctor Aponte fue poseedor de una de las bibliotecas más selectas y ricas, entre las de su género, que existieron en el Paraguay. Se destacó como catedrático y fue presidente perpetuo del Instituto Paraguayo de Investigaciones Históricas.

Falleció en Buenos Aires, el 17 de junio de 1949.  

Ajedrez viviente

Siempre escuchamos —y en más de una ocasión hemos sido espectadores— de los pesebres vivientes.

Un espectáculo similar, pero de carácter deportivo, se realizó un 1 de enero de 1928 en el Stadium de Sajonia, actual estadio Defensores del Chaco, cuando se realizó una partida de ajedrez viviente, donde las piezas eran jóvenes estudiantes del Colegio Nacional de Niñas, que se movían en un tablero con casillas blancas y negras, de unos 40 por 40 metros, ubicado en el centro del campo de deportes.

Esta partida viviente de ajedrez, que contó con una multitudinaria presencia de público, tuvo amplia repercusión no solo en nuestro medio, sino fue muy comentada en la prensa extranjera (argentina, norteamericana, etc.).

El juez de aquel partido de ajedrez fue el doctor Carlos Díaz León, y el ganador de la partida fue el doctor Augusto Aponte, hermano del ministro de justicia, Culto e Instrucción Pública, doctor Adolfo Aponte y primer campeón paraguayo de ajedrez, desde 1917.   

Próceres de la Independencia americana

Varios fueron los paraguayos que lucharon por la independencia de los países americanos en la segunda década del siglo XIX.

El más famoso es el coronel José Félix Bogado, pero la historia rescata también los nombres de Ramón Díaz y los misioneros —oriundos de San Ignacio—, Rufino Bordón, Juan de Dios Romero, Patricio Maciel, también conocido como "el Rayo de la Guerra". Fue uno de los lugartenientes del general Lavalle en la Argentina e hizo las campañas de la Banda Oriental, Alto Perú, Chile, Ecuador y Perú. En el Perú y en Ecuador está considerado como uno de los próceres de esos países. Falleció en 1839. El otro ignaciano que peleó por la libertad americana fue el capitán Juan Vicente Suárez, nacido en 1794. Actuó en el Ejército libertador comandado por el general San Martín y falleció en la batalla de Junín, el 6 de agosto de 1824. 
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