Ciclo Laura Márquez: Testigos

Prosiguiendo con nuestro Ciclo Laura Márquez (1929-2021), compartimos con los lectores una nueva entrega de Testigos, serie, concebida y realizada por Gabriela Zuccolillo, de impresiones, anécdotas, entrevistas, recuerdos, testimonios recopilados directamente de la memoria viva de quienes conocieron a la artista paraguaya fallecida en abril.

Enrique Careaga, Osvaldo Real Torres y Laura Márquez.
Enrique Careaga, Osvaldo Real Torres y Laura Márquez.Osvaldo Real Torres

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Testigo XI: Osvaldo Real Torres

«Se quedó entre nosotros no estando»

(Entrevista a O. Real Torres)

Yo a Laura la conocí hace rato, en una de las vueltas que vino ella con su esposo, muy joven, muy elegante, y estaba con gente del grupo del cual ella era muy amiga, Los Novísimos. Estaban en una confitería, Vertúa creo. Pero me acerqué a ella mucho más tarde, ya cerca del 2000, cuando Lotte Schulz, que era la directora del Museo de Bellas Artes, hace una charla en la que Laura era la invitada. Estaba lleno el lugar. Y allí yo me acerqué a ella. Yo me quise acercar porque quería conocer a esa persona de la que tanto los admiradores como los retractores se acordaban, a través del tiempo. Desde los años sesenta, ¡imaginate!

Después le invité a tomar un café, una tarde, y allí ella estaba esperándome. Y le dije que para mí era un honor estar con la mítica Laura Márquez. Y ella me miró así, arriba del ojo, me clavó la mirada. Y ahí empezó a contarme muchas cosas, de sus estudios en Argentina, del Di Tella. Para mí ella era mítica, por los cuadros que ella había presentado, entre la abstracción, entre la estructura, que nadie había hecho antes acá. Ella introduce esas enormes pinturas. Y después, porque ella siempre aparece y desaparece, cuando la buscabas ya no estaba, ya estaba nuevamente en Buenos Aires. Después hace su paso a los Estados Unidos y se aleja más. Pero se quedó acá no estando y dejó una huella fuertísima. Se hizo presente y se hizo sentir en todos los niveles. Se impuso. Y cuando se fue, siempre quedó presente.

Se hablaba de ella. Para bien o para mal.

Conversábamos siempre, nos encontrábamos mucho en el Biggest. Ese era su lugar. Siempre pedía su sándwich de lomito y su café negro. Los mozos la conocían todos. El lustrabotas que venía la saludaba, y los mendigos. Ella era amiga de todos. Un día, la encuentro sentada al borde de la vereda, cerca del edificio donde ella vivía, jugando y conversando con cuatro o cinco chicos y chicas, roñosos, de la Chacharita, alrededor de ella.

Ella tenía mucho carácter. Y si no tenías carácter, ella te arrasaba. ¡Y tenía unas salidas! Una vez le pregunté: «Vos sos una figura muy discutida, querida, admirada, ¿cómo son los grandes, cómo hiciste vos en la vida…?», y me dijo: «Imaginate un carro con naranjas sobre una calle empedrada. Y qué pasa, las naranjas se mueven y de acuerdo a los altibajos del trayecto, se acomodan. Y toda mi vida ha sido así, acomodarme a los momentos que se me presentan en la vida». Y yo pensé, esto es más o menos lo que decía Ortega y Gasset, el hombre es el hombre y sus circunstancias. Y me quedé mirándola así. Tenía momentos así, fantásticos. Y siempre se acordaba de Acero, porque dice que le decía que era muy peleadora. «Ah, pero yo tengo mis razones», le decía. Zuccolillo le ayudó tanto tiempo, ella le decía Acero. Lo quería muchísimo, como un hermano, un compinche, no sé. Era su pilar, era su esperanza. Le tenía una sacra adoración. Me decía que él le entendía y le acompañaba.

Otra vez le dije: «Se comenta que vos fuiste la formadora del grupo Los Novísimos».

«Mentira. Yo era amiga de ellos y los fui conociendo a través de William Riquelme, pero de que yo les haya formado o les haya dado… ¡No! ¡No!». Veía la obra que hacían y comentaban. Uno de los que más admiraba era Pratt Mayans. Siempre me decía que era una lástima que se haya dejado del arte. Y también lo admiraba mucho a Enrique (Careaga), que es el que más le acompañó y le ayudaba. La iba a buscar, la llevaba al médico. Cuando falleció, sintió que perdió tanto.

Laura marcó una presencia indeleble. Era toda una figura, que caló hondo. Siempre está y no está. Laura estará entre nosotros no estando. Como siempre fue.

* Osvaldo Real Torres es médico de formación y catedrático en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Asunción (UNA). Es también crítico de arte independiente y miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA).

*gabrielazf@gmail.com

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