¿Fue legítima defensa o ensañamiento extremo?

El brutal asesinato de un marinero civil, registrado hace una semana en Limpio, requiere un profundo análisis no solo jurídico sino a nivel social. La autora del horrendo ataque resultó ser una colegiante de 17 años quien dijo que lo hizo porque fue violada por la víctima. ¿Cómo debe ser tratado este espinoso caso?

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Esta historia se inició en la noche del domingo 22 de abril cuando Daniel Gerónimo Salas Rolón, de 35 años, alzó en su vehículo Toyota Premio a una colegiante de 17 años a la que conoció en el centro de Limpio.

El hombre trabajaba como marinero civil en una empresa naviera cuya base funciona en Villeta. Estaba en pareja con una docente que vive en Vallemí, departamento de Concepción.

La menor de edad contó, entre sus familiares y ante los policías de Investigaciones del área Central, que ella subió voluntariamente al coche del navegante luego de que supuestamente fuera dejada plantada en la calle por una persona que le prometió que le iba a dar un trabajo en una lomitería de Limpio.

Las cámaras de seguridad del edificio donde vivía Salas Rolón grabaron a este y a la chica entrando al lugar, caminando juntos.

Ya en la madrugada del lunes 23 de abril, luego de una hora y media adentro del departamento del marinero, la joven salió caminando, con el celular del hombre en la mano, y huyó en el vehículo de su víctima, con el cual incluso chocó varias veces mientras maniobraba para salir del edificio.

Ese mismo lunes, pero ya a últimas horas de la noche, el cuerpo del marinero civil fue encontrado en medio de un charco de sangre, en su departamento, al cual entró a la fuerza uno de los hermanos de la víctima, porque esta no respondía a los llamados de su familia.

¿Se justifica lo que hizo?

La estudiante involucrada fue demorada inicialmente el martes 24 de abril, en horas de la tarde, al salir de su colegio de Fernando de la Mora. Ella fue identificada por la Policía porque abandonó el coche robado de su víctima frente a la casa en la que vivía con su tía, en Capiatá.

Sin embargo, su captura se oficializó recién el miércoles 25 de abril, luego de un allanamiento a la misma vivienda.

En su descargo, la chica admitió que fue voluntariamente con el navegante hasta el departamento, pero alegó que ella solamente quería pasar la noche ahí porque ya se le hizo tarde para regresar a la casa de su tía, en Capiatá.

La menor de edad señaló que ni bien entraron al departamento, el marinero civil se desnudó y abusó de ella.

Después, la chica añadió que el navegante la agredió sexualmente por segunda vez, hasta que se quedó dormido.

Mientras su supuesto agresor estaba durmiendo, la colegiante tomó dos puñales y, con ambas manos, atacó al hombre que estaba en la cama, en ropa interior. 

El espeluznante relato refiere además que, ya herido, el dueño de casa intentó defenderse, hasta que finalmente sucumbió.

La chica que confesó el ataque mortal aseguró que simplemente se defendió y que, si no mataba al marinero, la que iba a morir sería ella.

Un caso muy complejo

A partir de la confesión de la menor, la Fiscalía y la Policía deben analizar cuidadosamente las acciones a tomar. 

Por un lado, si es cierto lo que dice la menor, de que fue violada, no es descabellado pensar que fue un crimen en legítima defensa y que la chica pudo haber experimentado una reacción lógica a semejante agresión que sufrió.

Si fuese así, la joven no solo debería ser exonerada de todo proceso penal, sino que también ayudada y contenida emocionalmente por las autoridades, en carácter de víctima de una práctica tan aberrante como machista, la violación.

Pero viendo desde otro punto de vista, también hay varios puntos flojos o cuestionables en la historia de la chica.

Por ejemplo, para los familiares del fallecido resulta sospechoso que la chica haya accedido a ir a la casa de una persona a la cual había conocido en la calle. 

Tampoco muchos se explican por qué la adolescente robó el celular de la víctima y por qué escapó en el rodado del hombre. 

Después de matarlo, la colegiante dejó estacionado el coche robado frente a su casa y hasta asistió al colegio, como si nada hubiera pasado.

El caso, hay que reconocerlo, es muy complejo, por todas las circunstancias que se conocieron. 

Está ahora en manos de la justicia juzgar la acción de la menor de edad.

Mientras tanto, la familia de la víctima se merece respeto de parte de las autoridades y respuestas claras acerca de lo que se va a hacer, porque el crimen ocurrió y se debe castigar.

Siempre se dice que no hay justificación para un crimen, pero ¿será que este brutal asesinato a puñaladas sí se justifica?

ileguizamon@abc.com.py